BRONCAS POR CAGANCHO

Resumen

Quinta entrega de las crónicas inéditas sobre Pablo; en esta ocasión les compartimos los problemas que le generó al estellés el prescindir en algunas ocasiones de CAGANCHO.

Autor  |  Medio

Juan Andrés Hermoso de Mendoza  |  pablohermoso.net

Fecha

12 de Mayo de 2020

País

España

BRONCAS POR CAGANCHO

La década de los noventa iba cerrando su ciclo y en el toreo a caballo reinaba y marcaba faenas históricas Pablo Hermoso de Mendoza y una cuadra en la que reinaba la majestuosidad del cuatralbo “Cagancho”. Presente en todos los grandes triunfos hasta entonces, el caballo era el mejor argumento para el público que acudía a las plazas a ver torear a un equino como nunca lo habían visto antes. Era muy complicado llegar a una plaza y que Pablo, por alguna circunstancia, no sacase a torear a “Cagancho”. Quizás el toro parado, quizás algunas molestias físicas del caballo….. ningún motivo lo entendía el público aunque sus compañeros de cuadra formaran un auténtico lío a las órdenes de su jinete.

Esa ausencia de “Cagancho” provocó en algunos casos, incluso altercados de orden público y aunque nunca llegó la sangre al río, lo cierto es que sobre todo en dos ocasiones, la tarde se tornó muy desagradable para el centauro de Estella.

La primera de ellas fue en la plaza de toros de Huelva, donde Pablo actuaba el 1 de agosto de 1.999. Apenas unos meses después del acontecimiento del rabo de Sevilla, el estellés acudía a las Colombinas de Huelva a actuar junto a Fermín Bohórquez y Andy Cartagena, lidiando toros de Arucci.

Como prolegómeno y para ponernos en situación, explicaremos que la corrida de rejones de Huelva entonces caía casi siempre el primer domingo de agosto, siendo la corrida de rejones en Estella, también tradicionalmente ese mismo lunes. Con los años, Bayona (Francia) se convirtió en la cita de ese sábado. Esto hacía siempre al primer fin de semana de agosto, el más duro para los viajes de los caballos que en apenas dos noches recorrían más de 2.500 kilómetros en fecha de mucho calor, sobre todo en Huelva y de mucho tráfico en las carreteras por tratarse de cambio de quincena de vacaciones. Eran días de nervios, de prisas, de terminar en un lugar y todo el equipo, incluso la propia cuadrilla y Pablo, ayudar a preparar el viaje de esa noche, todavía vestidos de luces. Estas circunstancias hacían que en varios viajes hubiera caballos llegaban al destino con fiebres altas e incluso en algún caso con cólicos.

Ese 1 de agosto de 1.999 y tras torear la noche anterior en Portugal, en Setúbal concretamente, los caballos llegaron a Huelva en la mañana temprano y al tomar las temperaturas se comprobó que “Batista” estaba con bastantes grados de fiebre. Pronto se avisó a Pablo quien a primeras horas de la mañana y casi sin dormir, estaba en la plaza atendiendo al caballo.

Las horas pasaron y llegó la hora del festejo, con “Batista” todavía en muy mal estado de salud. Esa preocupación seguro estaba presente en la cabeza de Pablo mientras enfrentaba a su primer toro que fue noble y dio un juego aceptable, pero ante el que erró con el rejón de muerte. Tras esta faena, Pablo salió al camión a interesarse por “Batista” que lo cierto es que no presentaba mejoría. Así llegó la lidia del quinto, a quien Cipriano Díaz, en “Odiel Información” describía como “descastado, atravesado en la embestida, parado, soso, desclasado y dando síntomas de quererse echar por su falta de casta”. Una autentica prenda vamos. Pablo, por supuesto tenía en mente sacar a  torear a su arma principal, a “Cagancho”, porque entre otras cosas en su primero no había triunfado y el navarro quería seguir marcando puertas grandes en su escalafón. Poco a poco y viendo el juego del astado, fue viendo que su gozo en pozo, que ante “aquello”, ni “Cagancho” iba a poder sacar faena y por eso remató toda la lidia de banderillas con “Aldebaran” dejando los palos al sesgo en los terrenos del manso y trabajando toda la lidia para sacar al toro de su querencia.

Una circunstancia totalmente comprensible, pero que parte del público no entendió y comenzó a increpar y a insultar a Pablo a medida que la lidia iba avanzando. El ambiente se puso muy duro y se acrecentó cuando el jinete perdió los papeles (motivado también por el nerviosismo que estaba viviendo ante la situación de “Batista”) e hizo un feo gesto con el dedo a un espectador que levantado le increpaba continuamente.

Terminó la labor y Pablo aguantó la división de opiniones mientras se retiraba al callejón, donde tras lavarse, volvió a salir de la plaza acompañado de parte de su cuadrilla para ver el estado de “Batista” y ayudar a los mozos de caballos en su trabajo dado el largo viaje que les esperaba hasta Estella y el escaso margen de tiempo para hacer dicho viaje en una fecha en las que, como hemos dicho,  las carreteras están colapsadas por tratarse de salida y entrada de vacaciones.

Cuando parte del público vio que Pablo y algunos miembros de su cuadrilla salían de la plaza sin terminar el festejo y ante la bronca previa, pensaron poco menos que se estaba escapando de la plaza y volvieron a increpar al navarro, hecho que parte de la prensa tampoco entendió y que incluso escribieron que fue sancionado por el Presidente de la corrida, Alfonso Garrido y reclamado por las autoridades para regresar al callejón.

“El quinto fue de los peo­res de Arucci, parado y sin embestir. Se esforzó pero el lucimiento apenas pudo ver la luz. Cuando ya estaba en banderillas y no sacó del patio de ca­ballos a Cagancho -su ca­ballo estrella- la gente se lo recriminó y comenzó a pitarlo. El rejoneador navarro señaló al toro, con indicaciones de que no reunía las condiciones -estaba completamente parado- para el espectá­culo que demandaban. La cosa se torció y la gente se puso de uñas con Pa­blo, quien, tras finiquitar al toro, salió a saludar, con la plaza dividida, y, ante las airadas protes­tas de un sector -el públi­co paga un dinero y hasta cierto punto es lógico que quiera ver lo máximo para justificar el gasto re­alizado-, Hermoso de Mendoza hizo un feísimo gesto, con un dedo alza­do, en actitud que en­sombrece a un profesio­nal de cualquier sector. Al retirase al callejón siguió encarándose con varios aficionados de las filas de­lanteras de tendido, deci­diendo finalmente mar­charse de la plaza cuando estaba toreando Cartage­na al último. Su salida por el callejón fue segui­da con pitos por el públi­co. El presidente, Alfonso Garrido, al no haber cau­sa que justificase el aban­dono del coso, requirió por un walkii de la Policía información de su para­dero. Sean las que fueren sus directrices, Pablo apareció de nuevo en el callejón, acompañado de miembros de la autoridad. Al retirarse del ruedo al finalizar el festejo, la gente se dividió en pitos y palmas, y el saludo del caballero al presidente fue para enmarcarlo.” Francisco Mateos en Diario de Andalucía.

“El tropiezo de Mendoza”. “Tan vacía iba la tarde que hasta inclu­so el carisma que Hermoso de Men­doza ha disfrutado en esta plaza se vio apagado de pronto, incidente inclui­do. El navarro había estado, discreto aunque voluntarioso con su primero, un toro algo rajadito pero que sin embargo coloboró lo suficiente como para que el caballero navarro estuvie­se a la altura acostumbrada en esta plaza donde tantas y tantas tardes enervó el ánimo del aficionado hasta límites infinitos. Incluso con la ausencia en algunas ferias colombinas de su caba­llo estrella, ese prodigio torero llama­do Cagancho.

Pues miren por donde ayer a los pai­sanos se les ocurrió pedirlo y el nava­rro no lo sacó. Ni en su primero ni en el quinto, argumentando quizás con algo de razón lo parado que estaba el toro, y la gente se cabreó tanto que le pegó una pitada en medio de la actuación.

Sería por aquello de corresponder o porque el cabreo del navarro había subido tan alto, que después de esa intensa división de opiniones que cerró su actuación en este quinto, Hermoso de Mendoza le dedicó un 'cariñoso' quiño con el dedo anular hacia arriba  a un espectador que le había dicho algo como “Aquí también pagamos".

 Para colmo tampoco había encontrado Hermoso de Mendoza la conexión en su primero tras una discreta actuación donde además llegó a descordar a su oponente.

Tras el incidente con el tendido el navarro intentó quitarse de en medio  con su cuadrilla. Todo acabó en el  patio de caballos cuando una llamada del presidente a la fuerza pública terminó por devolverlo a su sitio: el callejón.

Mal gesto de un torero, siempre comedido y educado en sus actuaciones que no supo encajar ayer en el ánimo una mala tarde ni la recriminación de un público que ayer se empeñó en que ‘Cagancho’ levantara la tarde. Lo cierto es que después de todo la tarde no la levantaba cualquiera.” P. Guerrero en “Huelva Información”.

Como decimos, y sin querer corregir a nadie, Pablo nunca fue vuelto al callejón por ninguna autoridad. Salió al camión, vio a su caballo y regresó al ruedo. Por otra parte podemos decir que en los rejoneadores es una practica habitual que durante la lidia salgan de la plaza para ver a los caballos y calentarlos para las posteriores actuaciones, sin que ello se considere una falta de respeto ni hacia el público, ni hacía los compañeros.

Finalizó el festejo y al final al salir de la plaza, Pablo tuvo que continuar aguantando la división del público hacia su persona. Fue una tarde negra que pronto se olvidó, porque apenas un año después, el estellés regresó a Huelva y volvió a triunfar obteniendo tres orejas, y sobre todo se congratuló con una afición que supo perdonar aquellos incidentes y que ya estuvo del lado de Hermoso de Mendoza hasta el día de hoy.

El segundo incidente “por Cagancho”, sucedió en la plaza de toros de Priego de Córdoba, en la provincia de Córdoba y fue el 3 de septiembre de 2.000, ahora en un festejo mixto con Rafael Camino y David Fandila “El Fandi”.

Esa tarde, el público que entró a la plaza de toros ya estaba un tanto irritado con la empresa por el hecho de que cuando llegaron a la plaza se enteraron que el anunciado José Antonio Morante de la Puebla no toreaba y que le sustituía Rafi Camino, y eso la verdad es que no gustó mucho.

Con este ambiente enrarecido, Pablo abrió el cortejo y enfrentó a un buen toro de Moura, al que cortó las dos orejas sin la presencia de “Cagancho”, al que reservó, como hacía la mayor parte de las veces, para el quinto toro.

Lo que sucedió en el quinto fue lo mismo que pasó en Huelva, que el toro fue muy soso y sin ninguna posibilidad alguna para el lucimiento de un “Cagancho”, que además llegó a Priego con una herida en el pecho, que no era impedimento para torear, pero si descansaba mejor. La lidia iba avanzando y la gente, ya un tanto enfadada, la fue tomando con Pablo por no sacar al cuatralbo. Aún así, Pablo cuajó una meritoria labor y tras herir de muerte al toro y ver que la pitada continuaba, Pablo se fue al patio de caballo, agarró del ramal a “Cagancho” y andando lo sacó al ruedo donde el toro ya había doblado. Cuando llegó al centro del ruedo, Pablo mostró con la mano la herida que el caballo tenía en el pecho fruto de un golpe con una puerta del camión y la gente pareció perdonarle todo. Las lanzas de tornaron cañas, y los pitos se tornaron en pañuelos pidiendo la oreja para el estellés, la cual al final le fue concedida.

E.J.P. en “Diario de Navarra”, lo contaba así: “Pero el público estaba pen­diente de ver a «Cagancho». Y el segundo toro del estellés fue muy complicado y nada apto para las cualidades del caballo más fa­moso. Además, «Cagancho» presenta una herida en el pecho que se hizo en las cuadras de Acedo, por lo que Hermoso de Mendoza prefirió reservarlo………………. Pero después sacó a “Borba» y, parte del público, al ver que no era «Cagancho» comenzó a pitar. En un ambiente hostil, Pablo Hermoso mató de "pinchazo y rejonazo desprendi­do. Como seguían pitando, con el toro amorcillado, el estellés fue a por «Cagancho» para que vieran la herida. Los pitos se tornaron en una fuerte ovación y el público reconoció la faena con una oreja.”

Estas fueron de las dos tardes más negras, precisamente por no sacar al negro: a Cagancho.

En los años posteriores, las protestas si no toreaba “Cagancho” ya comenzaron a  extenderse, aunque más leves y sin la violencia en el ambiente de estas dos tardes, y esta circunstancia también empujó a Pablo a adelantar un tanto su retirada en 2002 cuando el caballo estaba en plena forma física, pero su jinete no quería ya exponerlo al toro en todas sus actuaciones. Si Pablo lo hubiera podido dosificar en algunas fechas, seguro que “Cagancho” hubiera toreado alguna temporada

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