EXTRA DE REJONES

Resumen

La revista 6TOROS6 presenta en su acostumbrado EXTRA sobre el mundo del rejoneo a Pablo Hermoso de Mendoza en la portada además de una amplia entrevista con én en sus páginas interiores.

Autor  |  Medio

David Jaramillo  |  Revista 6TOROS6

Fecha

Enero de 2017

País

España

Hermoso de Mendoza por encima de todo

Con 27 años de alternativa y toda la vida a caballo podría parecer que Pablo Hermoso de Mendoza ya hubiera dicho todo sobre el rejoneo. Sin embargo, basta con tirarle un poco de la lengua o hacer una mínima observación para que el navarro dicte cátedra desde el hondo poso de su experiencia y siga nutriendo con nuevos detalles toda su maestría. Pero, lo más importante, es que así como es claro con la palabra, el navarro lo traduce tarde a tarde en la práctica, marcando el camino para un arte que, de su mano, no para de crecer.





La de 2016 no ha sido simple­mente una temporada más para Hermoso de Mendo­za, aunque a sus espaldas se acumulen ya más de treinta campañas toreando a caba­llo. El navarro no se agota y sabe encontrar siempre la motivación, no sólo para mantenerse, sino para seguir a la vanguardia del rejoneo.

“Llevaba unos años queriendo reducir el nú­mero de mis actuaciones, pero los compromi­sos y el propio ritmo de la temporada me lleva­ba a anunciarme más de lo que deseaba -cuenta Pablo desde Colombia, donde actualmente ha­ce temporada-. Sin embargo, a raíz de la larga campaña mexicana que hice hace un año, deci­dí torear menos y finalmente hice treinta y cin­co paseíllos, que es un número que me ha dado una nueva manera de vivir mi profesión, algo que me ha refrescado muchísimo”.



¿Cuáles son las ventajas y las desventa­jas de una temporada reducida?

—Te digo la verdad, no ha sido fácil cambiar la dinámica que traía porque, por ejemplo, los caballos que he criado y que empleo, son animales que están mejor cuando torean segui­do, además puedes estar en más sitios, cerca de un público que siempre te espera con cariño y es difícil faltar a esas citas. Pero a lo que le he sacado más beneficio al torear menos es a tener espacios entre corrida y corrida para estar con mi familia, para montar con Guillermo y mis hijas, que ya están en una edad que quieren montar mucho y antes no tenía esa oportunidad muy a menudo. Antes me los llevaba a las co­rridas, a los hoteles, pero ahora compartimos

mucho más. Son días que dan mucha vidilla, porque desconecto, hago una equitación más distendida, relajada y, finalmente, cuando vuelvo a la plaza, me siento más fresco y más motivado, disfruto mucho más del placer de to­rear y también me doy ciertos “caprichos” para los que antes, por el ritmo, a lo mejor no encon­traba tiempo. Cuando toreas menos a cada es­pectáculo le pones mucha más intensidad, más pasión. Además, creo que el público también lo nota.



¿Se busca la comodidad cuando se to­rea menos?



—No tiene nada que ver, si buscara eso pisa­ría otro tipo de plazas. Cuando toreas menos el compromiso es mayor porque casi basas tu temporada en las grandes plazas, aunque tam­bién me gusta ser fiel a públicos que son muy especiales para mí y trato de repartir mis actua­ciones con estos parámetros. No puedo dejar de ir a Francia, a Portugal, a Colombia, a Mé­xico... aunque eso signifique un desgaste ma­yor para mí y mi cuadra, pero se lo debo a la afición.



Mencionaste unos “caprichos” líneas antes, ¿se puede saber de qué hablas?

—Claro, por ejemplo, personalmente dis­fruto mucho de torear en Portugal y siempre he tenido ofrecimientos para ir, y hay lugares con mucho sabor en los que nunca he toreado y siempre me apeteció hacerlo, como en Alco- chete, a donde fui este año. Es una placita pe­queña, cerca de Lisboa, cuyo ruedo no es re­dondo sino poligonal, muy acogedor, sientes al público muy cerca y me recordó esas plazas en las que comienzas. Ahora disfruto mucho esas cosas y Portugal puede ser de los sitios de los que más satisfacción saco de torear. Por eso es­te año fui dos veces a Lisboa y también estuve en Evora.



Hablaste también de Guillermo y sé que está contigo en Colombia. ¿Pronto le ve­rán toreando allí?

-Sí, está conmigo aprovechando las vaca­ciones de Navidad, porque quise traerlo para que conociera, pero todavía no para torear. Sí es verdad que en Bogotá querían anunciarlo en la novillada, pero estará en plena época de es­tudio y el planteamiento que tenemos para él es que hasta que termine los estudios, a partir de octubre, no empezará de verdad.



—En México sí está anunciado contigo.

—Sí, bueno, tiene 17 años y está lleno de ilusiones, de ganas por torear, y lo mismo que le dimos el caramelo en Estella, en San Miguel de Allende, que de alguna manera es también su ciudad, pues ha pasado allí la mitad de su vi­da, le dimos ese regalo de que pudiera torear. Allí tiene amigos, compañeros de escuela que también le animan y pensamos que estaría bien. Si te soy sincero, ver que es inminente que Guillermo empiece a torear es difícil por­que, como rejoneador, sabes lo complicado que es, pero al mismo tiempo me veo reflejado en él y me ilusiona verlo torear, porque además lo hace muy instintivamente, con mucha soltu­ra y facilidad. Lo demostró el día que estuvi­mos en Estella, donde el sufrimiento personal fue el doble, pero la satisfacción fue igualmen­te superior.



Volviendo a tu temporada, Pablo, lle­vas un tiempo sin pisar el ruedo de Sevilla. Lo menciono porque en 2016 estuviste en to­das las plazas de primera categoría, excepto en la Maestranza.

—Es una de esas espinas que te van quedan­do cuando ves que no puedes llegar a todas partes. Creo que ya son cinco años sin estar allí y la verdad es que siento un poco de ansiedad por volver, pero si quiero organizar un poco mi temporada mexicana para llegar a Aguascalientes y a Monterrey, tengo que hacer sacrifi­cios y Sevilla, por tiempos, se me queda ahí, igual que Arles, que es una plaza muy especial para mí. De Valencia me desquito en Julio, pe­ro la feria de Fallas es otra cosa, otro ambiente, y es cierto que no estar en esas fechas y en esas plazas señaladas es algo que pesa un poco. Añoro volver a Sevilla, porque tiene una ma­nera especial de apreciar el rejoneo y el caballo en general.



—En Madrid sí que estuviste.

—No se puede faltar y siempre es un reto. Es tan difícil esa plaza, que por eso también es en­cantadora. Es cierto que especialmente en Las Ventas se necesita que el toro ponga mucho pero siempre que salgo de torear allí, y en otras plazas, me gusta hacer un ejercicio de autocrí­tica fuerte para saber qué más tengo que poner de mi parte para que aquello sea mejor. Este año me quedé con una sensación un poco va­cía, porque sé que si mato el toro, igual corto las orejas, pero no la recuerdo como una tarde plena, porque te quedas a medias cuando el rey de la Fiesta no responde.



Pamplona y Bilbao marcaron un punto muy alto.

—Han sido, quizá, las dos tardes más impor­tantes de mi temporada. Bilbao es una plaza en la que los últimos años muy pocos toreros han salido a hombros, no es fácil cortar dos orejas a un toro allí y tuve la suerte de que las cosas rodaran. Ese día la conjunción de toro, caballos jinete y público fue tremenda, se sentía la vi­bración del toreo. Pero creo que recordaré más especialmente la tarde de Pamplona, porque todo salió redondo, los dos toros embistieron con calidad y pude disfrutar mucho, no fue una tarde dura, de esas que en Pamplona se dan tanto, de las que tienes que resolver, pasar un trago. Al contrario, pude sentirme mucho, hacer las cosas a gusto, buscar esa imposible per­fección de la armonía total. Fue un día feliz.



—Hay un dato en tus números del año Pablo. De las 53 orejas que obtuviste, han sido de faenas de dos orejas y sólo 9 fueron trofeos individuales. Es decir, conseguiste los máximos trofeos de 22 toros. Está claro que un número no puede cuantificar las emociones que se viven en la plaza, pero sí creo que es un dato que habla de contun­dencia.

—                  Bueno, después de tantos años es verdad que te vuelves un poco menos de números y te mueves más por sensaciones, aunque siempre nos encanta salir a hombros. Los premios en el rejoneo, como en el toreo a pie, dependen mucho de tu efectividad en la suerte suprema. En ese sentido creo que tienes razón en lo de la contundencia, porque puedes hacer una gran faena, pero pinchas dos veces y te que­das sin premio. Aunque, al final, lo que quie­res es que tus sensaciones lleguen al público, que la gente te vea como el torero que eres en ese momento. Uno se va transformando en el transcurso de los años y ahora soy un torero que tiene que ofrecer cierta maestría, una templanza distinta. Ya no puedes ir a eso del “todo vale” y cortar las orejas de cualquier manera. Ahora, cuando ves que la propia fae­na no tiene la profundidad, el sentimiento que debía tener, que falta algo, tú mismo no actúas como probablemente lo hacías antes, quizá más arrebatador, y notas que la sobreactuación te cuesta. Te vuelves más sincero y así mismo te vendes. Eso puede también llegar a notarse en cuanto a las orejas, pero así mismo la gente sabe lo que va a ver. Recuerdo que en mis principios de aficionado, cada año me iba a ver un festival que se hacía en la plaza de Haro, en el que iba a ver a Curro Romero, Antoñete, Paula, Manzanares, Curro Váz­quez... toreros que estaban en una edad ma­dura. Y recuerdo que no íbamos esperando ver salidas a hombros, ni cortar un rabo o las orejas, sino que íbamos con un ánimo distin­to, de ver elegancia, maestría, calidad. Y aquella plaza se abarrotaba, nos movía a to­dos los aficionados. Ahora pienso que, quizá, estoy en ese momento que tanto me atraía de los toreros e intento disfrutarla de esa misma manera.



—Pablo, hay un caballo que ha sido clave estos últimos años y que, sin duda, ha sido el artífice de muchos de tus triunfos por esa contundencia en el último tercio que habla­mos antes: “Pirata”. ¿Qué ha pasado con él que ahora le vemos menos?

—“Pirata”, a finales de 2015, sufrió un es­guince de ligamentos en la plaza de Salamanca y a partir de ahí estuvo inactivo un tiempo, lo recuperé en la temporada mexicana a la altura del mes de febrero y luego lo he venido sacan­do, pero sin apretarlo tanto, cuidándolo mucho. Pero a finales de 2016 se volvió a resentir un poco y antes de que fuera a mayores decidí dejarlo descansar. Estamos ahora mismo en un tratamiento con un trasplante de médula, infiltrándolo en los ligamentos para que tenga me­jor recuperación y aunque estaba para traerlo a Colombia, prefería esperar, porque no quiero que un caballo de ese nivel acabe sus días así por no dejarle que se recupere bien. De mo­mento tampoco hará temporada en México y lo sacaré sólo cuando esté completamente bien, seguramente en sitios claves, porque si Gui­llermo empieza a torear, me gustaría que lo usara, simplemente por lección, porque es un caballo que te da unas sensaciones, un sitio, que te enseña. De los caballos que yo he tenido en el último tercio, es el mejor con muchas ven­tajas. Quizá no el más efectivo, pero sí el más completo, porque ahora ves muchos caballos efectivos, pero me parece que son como caba­llos de picar, porque se dejan llegar el toro a la barriga, pero no hay expresión, ni hay acompa­ñamiento. Con “Pirata” puedes pinchar, pero haciendo la suerte como debe ser, enganchan­do, llevando, acompañando.



¿Ves alguno de tu cuadra capaz de ocu­par el lugar de “Pirata”?

—Este invierno he trabajado mucho en eso y tengo uno que va ahora para México, “D’Ar- tangan”, con el hierro de Antonio Paim, y creo que, por lo menos, va a tener ese corazón de “Pirata” de pisar terrenos muy concretos con el toro, pero además con mucha expresión. Vamos a ver si luego aguanta, porque son muchos los proyectos que después no llegan a la realidad.



—Ya que estamos hablando de tu cuadra, hay un caballo como “Berlín” que ha creci­do una barbaridad.

—Totalmente, junto con “Disparate”, son los caballos que en banderillas tienen más ni­vel en mi casa. Lo bueno es que son muy dife­rentes, a pesar de ser del mismo padre. “Dispa­rate” es la versatilidad, se adapta a todos los toros, a todos los pisos, a todas las circunstan­cias; mientras que “Berlín” es todo lo contra­rio, es el orden, la clase, la despaciosidad ha­ciendo las cosas. Entonces se complementan muy bien.



¿Tiene algo que ver ese punto de Hannoveriano que estás mezclando en tu yeguada?

—Sí, se ve muy marcada en él, porque sus movimientos son mas pausados, más lentos, más grandes, todo lo que tiene el caballo de do­ma clásica. Da cierta dificultad a veces para acoplarlo al movimiento del toro, ese nervio que sí tiene el lusitano puro, porque con ese tranco más grande, o te quedas fuera, o te puede tropezar. Pero cuando la suerte sale bien en su medida es tan bonita, tan plástica, tan lenta, que se diferencia, por ejemplo, de “Disparate”, que tiene movimientos más cortitos, más rápidos y le permiten acoplarse a todo, pero sin ralentizar la suerte, a veces, como lo hace "Berlín”.



— ¿Alguna novedad que no debamos per­der de vista?

—Tengo un nuevo caballo de salida, “Al­quimista”, que ya he toreado este temporada

con él, pero está al 60 por cien de lo que creo que puede llegar a ser. En Cali le he notado grandes avances en ese “segundo invierno” que yo llamo, que es cuando ya empiezas a re­tocar cosas, y me ha dado unas sensaciones magníficas. Creo que puede tener una impor­tancia tremenda.



—Ahora que estás allí en Colombia, su­pongo que la cita con la Santamaría te ten­drá especialmente ilusionado.

—Absolutamente, porque es recuperar un bastión taurino, un baluarte en Latinoamérica. Todos sabemos que la Santamaría, como la Plaza México, es un sostén y marcan de alguna manera el transcurso de la temporada en todos estos países, pero con repercusión al mundo entero. Que nos la cerraran fue un jarro de agua fría horroroso para toda la Fiesta y ahora, no vamos a cantar victoria porque esto está muy complicado, hemos dado un paso al frente y tenemos que darle continuidad. Además había que estar aquí, porque a veces equivocamos las cosas, hacemos manifestaciones, protestamos y luego, cuando se consigue un éxito como el de Felipe Negret y todos los que lucharon por esta plaza, cuando llega el momento de la contratación, empezamos todos a ponernos dignos, y me incluyo. Todos queremos ir bien colocados, en las mejores condiciones económicas... Y al final decimos, “¿y la Fiesta qué?”. Aquí había que estar, en mejores condiciones o en peores, porque lo necesita la Fiesta y porque es en la plaza donde podemos aportar lo que mejor sabemos hacer.   

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