EXTRA DE REJONES

Resumen

La leyenda continua se titula la extensa e interesante entrevista que Jorge Casals le realizó a Pablo Hermoso de Mendoza y que se presenta dentro del tradicional Extra de Rejoneo del semanario taurino APLAUSOS.

Autor  |  Medio

Jorge Casals  |  Semanario Aplausos

Fecha

Enero de 2017

País

España

La leyenda continúa

La temporada de Pablo Hermoso de Mendoza ha ido más allá de las cifras y los triunfos. Su toreo ha alcanzado tal grado de su­tileza, despaciosidad y belleza, que ver al navarro en la plaza es toda una delicia para los buenos aficionados. El maestro sigue en pie de guerra, alimentado por la competencia consigo mismo y por la ilusión que le genera su cuadra. Camino de las tres dé­cadas en activo, su legado no sólo queda como base del toreo a caballo moderno, sino que además va a tener continuidad con su hijo Guillermo. La historia continúa. La llama de Estella sigue más viva que nunca.



La temporada 2016 ha tenido para Pablo Hermoso de Mendoza un carácter espe­cial. Por muchos aspectos. El principal, haber mantenido a sus 27 años de alter­nativa, su estatus de figura máxima en todos los sentidos, defendiendo su trono con amor propio y sin bajar un ápice ese ritmo que su propio orgullo impone. Así queda reflejado en otra temporada triun­fal que comenzó con un rabo en la Méxi­co, y que tuvo continuidad después en las grandes ferias europeas: Nimes, Córdoba, Campo Pequeño, la rotunda tarde de Pam­plona, Vitoria, la mixta de San Sebastián con José Tomás y El Juli, su quinta puer­ta grande en Bilbao, Salamanca, Zarago­za... por citar sólo algunas de las cum­bres. Un año histórico que tuvo el mejor de los broches: la concesión de la Meda­lla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. El reconocimiento a toda una trayectoria. A una carrera que, lejos de estar tocando a su fin, va a seguir estando muy viva con la llegada de un nuevo Hermoso de Mendo­za: su hijo Guillermo. La temporada 2016 será recordada como la primera en la que el apellido Hermoso de Mendoza aparece por partida doble en el escalafón de rejo­neadores. ¿Tiempo de relevo? Se lo pre­guntamos al maestro, inmerso ahora mis­mo en su campaña americana.



-¿La llegada de Guillermo va a acele­rar el adiós de Pablo?

-Me gustaría compartir con él algu­nos momentos. Siempre he dicho que me gustaría seguir en la profesión, poco o mucho, mientras me quede ilusión y condiciones físicas, pero si a través de mi hijo puedo plasmar mi necesidad de montar, de preparar caballos, de se­guir sintiendo mi carrera taurina, quizá su llegada puede provocar que yo me vaya quedando en la retaguardia.



El 7 de agosto del pasado año hizo su debut Guillermo Hermoso de Mendoza en la plaza de toros de Estella, ante sus paisanos, su gente, que le arropó como un día hicieron con su padre. El primer paso para un camino que pretende seguir las huellas de quien es un pi­lar esencial del rejoneo moderno.

-La saga continúa.

-Espero que sí. Aquella tarde suponía una prueba de verdad: ver­lo en la plaza, ante el público, fren­te a dos novillos, los miedos, la respon­sabilidad... Y las sensaciones que él mismo vivió y que nos hizo sentir fueron como abrir una puerta al futuro de esperanza, ilusión, compromiso... y muchos mie­dos que me entraron a partir de ese día.

-¿Cómo lo vivió?

-Con una emoción tremenda porque se juntaron muchas sensaciones, como el miedo porque es tu hijo el que está en la plaza, a que las cosas salgan bien... Era también un día difícil para él porque si las cosas no salían bien, probablemente hasta el año siguiente no habría toreado, y estar un año con la sensación de que las cosas no salen bien podría ser grave para él. Pero la verdad es que ese día miré hacia atrás y me vi reflejado en él, en cómo aquella historia se parecía a la mía, cómo todo un pueblo participaba de esa novedad, cómo le alen­taba. Fue volver a mis principios, sentir de nuevo cómo todo aquel pueblo de Estella que una vez se volcó conmigo, ahora es­taba apoyando a Guillermo.



-Esa fue la parte bonita, pero imagino que pasaría lo suyo.

-Imagínate, por eso me gustó más la parte de la preparación del festejo en casa. Era una sensación de querer darle forma a aquel acontecimiento, de que saliera todo perfecto, que los caballos estuvieran bien preparados, que Guillermo llegara a tiempo y con la preparación ideal. Era sacar todo mi conocimiento y ponerlo al servicio de mi hijo y de la cuadra. Todos esos días del previo me gustaron mucho más que estar en el callejón, donde sólo marqué algunas pautas porque hay que mentalizarse que debes actuar lo menos posible para de­jar que sea él quien resuelva, que saque lo que lleva dentro.



-Volviendo al principio, no me imagino a Pablo diciendo adiós, sino buscando rivalidad con su hijo.

-Lo que más me ha preocupado siem­pre es cómo morir en la profesión, morir tú, tu gente, tus caballos... para qué vas a preparar caballos en casa si luego no los vas a mostrar a ningún público... Por eso, si Guillermo continúa, todo eso sigue vivo. Pero no te pienses que se lo voy a dejar todo hecho y a regalárselo todo, yo también quiero seguir disfrutando.



-El final de uno lo debe marcar el pú­blico y, de momento, la afición está de­mostrando que quiere ver a Pablo Her­moso de Mendoza.

-Eso es lo que más me marcaría, porque, en cualquier aspecto de la vida, no me gusta ir donde no soy bien recibi­do, y en el toreo pasa igual. Si viera que la afición estuviera saturada de verme, por mucha afición que tuviera o por mu­chas ganas que tuviera de seguir torean­do, ni me lo pensaría y buscaría otra cosa para matar mi necesidad de torear. Mira, acabo de llegar de Cali y allí he sentido tal entrega del público, con ese llenazo de gente, que te sientes en la obliga­ción de no eludir esos compromisos. La verdad es que es un placer seguir toda­vía en esta ola.



-¿Le preocupa que Guillermo no vaya en serio, que sólo sea un juego para él?

-Claro, cuando un día veo que no ha venido a montar, que no se ha preocupa­do de los caballos... pero miro atrás y me doy cuenta que a mí con esa edad también me pasaba lo mismo. Hay que en­tender que cada edad tiene sus pautas.



-¿Ya tiene su disciplina de entrena­miento?

-Él monta algunos caballos míos, pero tiene su propia cuadra. Ahora mis­mo, incluso monta algunos potros para que aprenda desde abajo. Tiene su gru­po de caballos que yo no toco, si no es en un determinado caso para mostrarle al­gún pequeño cambio. Ahora mismo, ha empezado a montar un potro hijo de Dis­parate, para que por él solo aprenda cuál es la evolución técnica hasta que se con­vierte en un caballo torero.



-¿Se parece a usted?

-En muchas cosas sí. La genética al final se impone, pero tiene cosas muy di­ferentes a mí. En cuanto a sus virtudes, te diría que en la plaza tiene mayor facili­dad que yo, más desparpajo, se sabe mo­ver mejor, ahí sí le veo una gran virtud. Su manera de ver las distancias y los terre­nos es algo muy natural, no hay que ma­chacarle mucho en ese sentido, y eso es una gran ventaja.



-¿En qué momento aterriza en este mundo del toreo a caballo, lo tiene fá­cil, difícil...?

-A todos los toreros que pasan por mi casa siempre les digo lo mismo: está tan difícil como fácil. Está difícil cuando uno anda justo de condiciones, de cuadra, eso es como en cualquier otra disciplina, pero cuando uno tiene condiciones, está faci­lísimo. Demandamos un cambio genera­cional, por eso en cuanto salga uno, lo va a tener muy de cara todo.



-Ha hecho referencia a los toreros que pasan por su casa, que no son pocos. En ese sentido, su técnica, su tauromaquia, nunca ha tenido secretos para los demás rejoneadores. No ha sido egoísta y su casa siempre ha estado abierta a los que quie­ren abrirse paso.

-Sí y tiene una explicación: a mí me costó muchísimo, viví en un mundo de in­seguridades y de desconocimiento, por eso poder transmitir todo lo que sé para que dieran sus primeros pasos era un le­gado que podía dejar y aportar a mi pro­fesión. Además, eso me ha venido bien y me ha servido porque me ha obligado a crear un método de enseñanza que aho­ra mismo me ayuda a transmitir ese co­nocimiento de una manera más fácil que al principio cuando no sabía cómo ex­presar esa técnica que había depurado. Esa convivencia con jóvenes que quie­ren ser rejoneadores me ha enseñado a crear un método.



-Un método en el que esté presente su influencia como torero a caballo.

-Sí, porque dentro de ese sistema de enseñanza hay una parte que es la per­sonalidad, la que no hay que aprender del maestro, cada uno tiene que ser fiel a sus sentimientos, a su manera de conectar con la plaza y expresarse; pero luego hay otra parte que es la de la técnica, que es la que más se debe plasmar. Es la técni­ca de cómo montar mejor a caballo, cómo sacarle más partido dejando que sus mo­vimientos sean lo más naturales posibles, el rigor a la hora de respetar y darle su si­tio al toro y al caballo en la plaza. En eso sí que no perdono interpretaciones dife­rentes. Hay ciertas cosas en las que no vale el “todo vale”. Hay que tener un res­peto y admiración por el toro y el caballo que es como una especie de norma fija.



PABLO, UN MAESTRO

-Maestro fuera y dentro de la plaza. ¿Esa condición le hace sentirse por encima de los demás?

-Nunca lo he sentido, principalmen­te porque soy una persona muy insegura, nunca estoy satisfecho con lo que hago, siempre me parece que tengo mil lagunas, incluso siempre tengo la sensación cuan­do veo a un compañero, que a él le salen las cosas mejor que a mí. Por esa propia exigencia, nunca estoy al nivel que quie­ro estar, por eso siempre he sentido esa competencia. Sí que es verdad que ese pi­que que llevas, con los años se va aman­sando y empiezas a buscar una satisfac­ción propia en cada obra. La competencia no se vive con esa agresividad de cuando tenías 20 años.



-Eso no debe ser bueno para el es­pectáculo.

-Cierto, es malo. Todo lo que te esti­mule a arriesgar más, a darlo todo, siem­pre es bueno. Pero la vida es así, uno con 50 años no tiene esa capacidad para arriesgar o pelear como antes y eso hay que asumirlo.



-¿Es la comodidad, ganada por otra parte, de quien es primerísima figura?

-Yo no hablaría de comodidad. Si quie­res aguantar como yo lo he hecho, siem­pre tienes que dar algo a cambio porque nadie te va a regalar nada. Cuando empiezas, sí que es verdad que tu toreo tiene mayor riesgo, pero porque es para suplir otras carencias, pero con el tiempo, ese riesgo da paso a que tu toreo sea mucho más estético, más depurado, que de alguna manera el aficionado diga, vamos a ver al maestro. Comparándolo con el toreo a pie, el aficionado no iba a ver a Curro Romero, a Paula y esperar que cortasen cuatro orejas y dos rabos, sino que esperaba disfrutar de su esencia.



-A Pablo Hermoso siempre le ha preocupado esa búsqueda por lo estético y lo bello.

-Sí, porque necesitas alimentar tu alma, tu ego, sentir que eres más creativo con los años. Por ejemplo, mis entrenamientos ahora mismo evitan ese toro difícil y duro que antes entrenaba. Ahora, busco el arte, la sutileza, el puro sentimiento...



-Frente a un público alegre y con ga­nas de divertirse como es el de rejones, a veces, mostrar tal grado de perfección, ¿puede que no acabe de entenderse o de llegar al tendido?

-Yo le doy muchas vueltas a eso. ¿Será que conecto menos que antes? La trans­misión es diferente, esa creo que sería la respuesta. Si vas a escuchar flamenco, te transmite fuego, pasión; y si escuchas algo muy clásico, las emociones son más dulces, más reposadas y quizás ese re­cuerdo se quede grabado de por vida. En el toreo pasa igual.



-Después de alcanzar tal nivel de pu­reza en su toreo, ¿cuáles son sus próxi­mos retos?

-Uno va hacia una sutileza que, a veces, convierte al espectáculo en algo un poco más frío, pero buscas cuestio­nes que tú las sientes, como que la nuca del caballo esté colocada en una deter­minada posición, que el dorso se relaje y no haya tensión... son cuestiones que a veces a mucha gente se le escapa de su percepción.



-¿Y sus metas, después de haber­lo conseguido casi todo, cuáles son aho­ra mismo?

-Le doy vueltas a la cabeza y pien­so cómo me verá la gente, pensará que después de alcanzar tantas metas vivo en una burbuja de satisfacciones y no es así. Lo conseguido forma parte del pasa­do. Ahora comienza una nueva temporada, soy uno más, y uno se mentaliza para se­guir estando ahí, con toda la exigencia fí­sica, espiritual y familiar. Al final, mis me­tas son el día a día, seguir estando arriba.





Berlin y Disparate, las estrellas de la cuadra; Donatelli y Pata Negra, las revelaciones



Es importante destacar el nivel de la cuadra de Hermoso de Mendoza, que aúna veteranía con caballos que son irreemplazables, con la juventud de los nuevos valores que aporta cada tem­porada. De todos los que han desta­cado a lo largo de 2016, que han sido muchos, los más populares han sido Disparate y Berlín. “El más artista para mí es Berlín, pero seguramente para el público lo sea Disparate. Berlín es más académico, tiene más tempo, lo hace todo marcando muy bien los tiempos, con mucha lentitud... no es lo mismo que Disparate, que se adapta a cualquier tipo de modificaciones en la embestida de un toro en cuanto al ritmo o la trayectoria. Cuando un toro te embiste por derecho y bien, Berlín te da otro tipo de sensaciones”, ex­plica el navarro.

Asegura que el caballo que más le ha sorprendido el pasado año ha sido Donatelli. “Y no me lo esperaba. Lo saqué en México para desahogar a las figuras y lo curioso es que en casa, no me daba ninguna sensación espe­cial y sin embargo en la plaza y delan­te de la cara del toro ha ido creciendo y sin ser un caballo con una estética tremenda, tiene una sinceridad a la hora de ir al sitio con todo tipo de to­ros, que me ha sorprendido para bien y que esta temporada puede dar un nivel mucho más alto”.

Le preguntamos que nos desvele algunas novedades para este año y afir­ma que un hijo de Disparate va a de­butar en México: “Saldrá con tres años y medio porque veo que tiene una in­tuición y un desparpajo que hacen que pueda salir ya a la plaza con esa edad tan temprana”. Junto a este potro, otras de las novedades son dos hijos de Pata Negra, “un caballo del que úni­camente he tenido tres hijos, pero dos de ellos apuntan muy bien. Son caba­llos con cinco años y que saldrán por ejemplo con más madurez que el hijo de Disparate”.

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