PREVIO A MADRID

Resumen

Diario de Navarra entrevistó a Hermoso de Mendoza días antes de su cita madrileña y el jinete navarro se explayó en explicar su sentir.

Autor  |  Medio

Pablo García Mancha |  Diario de Navarra

Fecha

Junio de 2017

País

España

En marzo comienzo a sentir la presión de torear en Madrid

"A partir de mitad de marzo co­mienza a despertarse en mi inte­rior una incomodidad, una alerta interior muy profunda en la que cada cosa que hago en la plaza o en un simple entrenamiento tie­ne como fondo Madrid. Estoy en México, con la temporada ya ven­cida y en ese momento todo se di­rige hacia la plaza de Las Ventas de forma tan obsesiva e inevita­ble que me desgasta muchísimo". Así explica Pablo Hermoso de Mendoza la agitación con la que convive año tras año antes de ha­cer el paseíllo en San Isidro, la fe­ria en la que reina a caballo con su toreo desde que debutó a lomos de Cagancho en 1995, y a la que vuelve el sábado con la idea de abrir por octava vez la puerta más grande del toreo.



¿Cómo explica esa obsesión a es­tas alturas de su carrera?

Es natural y nace como conse­cuencia de que aspiro a que todo sea perfecto en el ruedo. La exi­gencia conmigo mismo es impla­cable. A veces he pensado en ir re­lajado y que salga como tenga que salir, pero no lo consigo. Luego existe otro aspecto muy impor­tante y tiene que ver con todos los recuerdos que me vienen a la ca­beza. En Madrid me ha sucedido de todo: he vivido una caída con fractura, el percance áe Pata Ne­gra que fue el más grave de toda mi carrera, los éxitos más hermo­sos, tardes en las que no he logra­do calar..., de todo. Por eso sin dar­me cuenta mi cerebro recopila esos instantes y empieza a poner barreras en las cosas negativas para que no vuelvan a suceder.



 ¿Se puede dar la paradoja de que cuanta mayor experiencia se acu­mula uno es más consciente de lo que puede salir mal y afloran las inseguridades?

Sin duda, los primeros años yo era más virgen en todos los aspec­tos y no tenía nada que perder. To­do era ganar. Y ahora con la canti­dad de faenas tan emotivas que he firmado en Madrid lo que no quiero es bajar ni un peldaño.



 ¿Cómo recuerda aquellas tempo­radas de los primeros triunfos? Con cierta inocencia. Una simple banderilla medio buena que colo­caba me servía para alimentarme el resto de la temporada. Luego ya llegó la época grande de Cagan­cho y después con Chenel. La ex­pectación que se generaba era tal que se llegaba a titular en los pe­riódicos: "Hoy torea Cagancho". Aquella etapa fue inolvidable. Me sirve para analizar cómo ha sido la evolución de la fiesta y del rejo­neo en los últimos años y la forma en la que se comporta de manera cíclica, con picos enormes y valles muy largos. Los grandes momen­tos los marcan grandes figuras como José Tomás o el impacto de El Juli de niño arrastrando verda­deras masas. Y lo comparo con el fenómeno que supuso Cagancho y lo que se vivía en la plaza cuando salía al ruedo, que era una verda­dera locura. Todo aquello colocó al rejoneo en la modernidad y en el sitio que hasta ese momento no tenía.



¿Por qué ha bajado esa pasión?

Muchos aficionados siguen muy fieles pero es cierto que desde aquella época no ha surgido nin­gún revulsivo con tanta fuerza. Y es normal porque fenómenos así Son extraordinarios, por lo tanto impredecibles y casi milagro­sos....



¿Echa de menos aquel torero que fue en los inicios?

Daría todo lo que tengo ahora por volver a los principios. Todo era crecer cada día, como una escale­ra empinada y larga a la que iba subiendo con una enorme flui­dez. Era una época pletórica en todos los sentidos. Veo faenas de aquellas y llego a la conclusión de que ahora toreo mucho mejor que entonces. Pero de la misma manera soy consciente de que ge­nero menos ilusiones, quizás por­que voy buscando un toreo muy íntimo y sin las alteraciones en el ritmo que muchas ocasiones son las que más llegan a la gente. Hay que saber vivtfcada etapa de la vi­da y ser consecuente con cada momento.



¿Entiende el animalismo?

Me he criado entre patas de caba­llos, vacas y ovejas. He llegado a tener más de veinte perros por­que me fascinan. Me considero animalista porque los defiendo a capa y espada, vivo para que mis animales estén lo mejor posible. Ahora bien, yo me traslado al an­cestro natural y la crueldad y la muerte está a flor de piel en cada segundo. Un león sale de caza y se cobra un cervatillo que ha nacido esa noche y no repara lo más mí­nimo en nada porque su instinto le marca que tiene que matar pa­ra sobrevivir. En la naturaleza no existen escalas de valores y preci­samente muchos de los que se rei­vindican como defensores de ese mundo salvaje quieren imponer sus esquemas al resto de la socie­dad. La vida de un perro encerra­do en un apartamento es un ejemplo de crueldad infinita para un animal que necesita espacio para vivir.



Es como un choque cultural entre dos mundos

Hay dos sociedades, la rural que vive y conoce el campo, y la metro­politana que ha perdido sus vín­culos con una naturaleza que ha terminado idealizando. Concibe a los animales como sujetos indivi­duales, como personas, y les priva de su verdadero ser.



¿Se huye de exponer la muerte? Estamos condenados a ella y tie­ne sentido la vida porque está presente desde que nacemos, pe­ro la escondemos sin el menor pu­dor.



¿Seguirá igual el toreo dentro de veinte años?

Creo que nunca ha sido igual, siempre ha ido evolucionando en todos lo ,sentidos. La fiesta ten­drá que ir transformándose en al­go más artístico limando las par­tes más duras, aunque siempre estará presente esa dicotomía en­tre la vida y la muerte focalizada más hacia la persona que al ani­mal.



¿Existe algún espectáculo capaz de llenar casi por completo una plaza como Las Ventas durante un mes?

Es algo tremendo, y sucede con carteles muy fuertes y con los más discretos. Lo que es impre­sionante que la fuerza de todo eso la tenga el toro, el gran protago­nista, la base de San Isidro.



¿Puede ser elfuturo el ejemplo de Francia?

Es curioso la naturalidad con la que la ha hecho suya un país que ha adoptado una fiesta que es de origen español. Y se nota en todo, en la organización, en la sensibili­dad del público, en la relevancia que se le otorga como hecho cul­tural y en el respeto máximo al to­ro.



La rejoneadora de Nimes María Sara se ha presentado a las elec­ciones en Francia. ¿Se imagina lo que podría suceder en España?

No sé qué pasaría aquí, pero en su país se ha visto con absoluta nor­malidad. Ella, después de retirar­se se ha convertido en empresa- ria, apoderada y comentarista de televisión. Es una mujer muy acti­va y tiene una enorme prepara­ción para abordar cualquier pro­yecto.



¿Se presentaría usted a unas elecciones?



Nunca. No me veo en un mundo que me da mucho respeto.



¿Le estimulan los éxitos de otros compañeros para la corrida de Madrid?

Desde luego, pero a estas alturas de mi carrera la mayor exigencia me la pongo yo mismo. Lo que me preocupa es estar a la altura de las expectativas que se generan entre los aficionados.

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