EXTRA DE REJONEADORES

Resumen

"La pasión de un grande" se titula la entrevista que José Ignacio Galcerá le realizó al genio estellés para el Extra de Rejoneadores del semanario taurino Aplausos, cuya portada se ilustra con una fotografía del jinete navarro.

Autor  |  Medio

José Ignacio Galcerá  |  Semanario Aplausos

Fecha

Enero de 2018

País

España

Pablo Hermoso de Mendoza LA PASIÓN DE UN GRANDE




Su discurso sigue sonando renovado, comprometido e inconformista. Su dilatada y brillante trayectoria no es impedimento para que Pablo Hermoso de Mendoza siga en la búsqueda continua de nuevas sensaciones -esas a las que se ha habituado de por vida y que no puede dejar de sentir- ante el toro, en la plaza o en el campo, montado a caballo o compartiendo experiencias, consejos e ilusiones con su hijo Guillermo. Son las cosas que tienen los grandes.



Cuando esta entrevista vea la luz, Pablo Hermoso de Mendoza estará viajando de nuevo a México junto a su hijo Guillermo para retomar su temporada americana. El navarro ha celebrado las fiestas navide­ñas en su Estella del alma junto a su fa­milia y ha hecho un pequeño paréntesis en su periplo al otro lado del charco. Aquí ha podido disfrutar rodeado de los suyos y ponerle serenidad a un año intenso en el que no ha pa­rado de torear. "He estado esquiando con la familia, haciendo otras actividades, disfrutando de la ganadería y desconectando aunque con la preocupación de haber dejado los caballos en México".



-¿Le inquieta partir la temporada en América en dos?

-No creo que me afecte aun­que sé que cuando llegue ten­dré que dar un apretón y afinar de nuevo los caballos. La única parte que me preocupa de ha­ber descansado unos días es ha­ber dejado parados a los caballos.



-¿Se atreve a ponerle nota a su año?

-Un siete.



-Entiendo que está satis­fecho entonces.

-Ha sido un año de faenas importantes aunque soy cons­ciente de que he matado pocos toros bien y eso en cuanto a las orejas cortadas se ha notado. Tengo que trabajar en ese sentido pero a decir verdad me está costando.



-¿A qué cree que se debe ese problema con el rejón de muerte?

-No tengo claro si es por el caballo o por un problema que arrastro en el hombro, que se resiente bastante a me­nudo. Tengo molestias en esa zona des­de primavera y no acabo de resolverlas. Me está generando inseguridad y cuando más lo noto es cuando tengo que desca­bezar, voy con un miedo tremendo ya que al hacerlo me da como un calambre que me sube por el cuello. Ha sido mi gran ta­lón de Aquiles este año y le ha restado ro­tundidad a mi temporada. Las faenas hay que rematarlas y tengo esa espina clava­da con el rejón de muerte porque no he ru­bricado sensaciones muy bonitas delante de la cara del toro.



-Desde fuera da la sensación de que el planteamiento de la temporada ha sido torear menos para preparase mejor cada corrida.

-He toreado un poquito menos que otros años pero tampoco mucho. Sí que ha cambiado el formato. Durante mi tra­yectoria he estado acostumbrado a torear muy seguido y eso me hacía estar en for­ma, necesitando un caballo que aguantara el ritmo y que tuviese una gran condición física. Ahora esa dinámica ha cambiado y los caballos, cuando no toreas tan segui­do, hay que trabajarlos mucho porque de lo contrario llegan a la corrida con mu­cha adrenalina y cuesta templarla. A día de hoy me preparo mucho más que antes.



-¿Cuanto más veterano es uno más tie­ne que prepararse?

-Así es. Y en los toreros a caballo to­davía más. Toda mi vida he estado habi­tuado a tener sensaciones muy especiales en la plaza y ahora no quiero dejar de sentirlas. Para ello necesito ser muy exigente conmigo mismo en la preparación y trabajar mucho, tenerlo todo controlado, depurado y no conformarme. Esas sensaciones, tan bonitas y complica­das de conseguir, las sigo buscando pero sólo se consiguen teniendo una capacidad de entrenamiento tremenda.



-¿Cómo consigue mantener el compro­miso y la ilusión después de tantos años?

-Con mucha afición y mucha pasión pero sobre todo siendo exigente. Todavía hay metas lejanas a las que no he llegado, esa búsqueda me hace estar siempre in­quieto, pensando que voy a llegar a pun­tos de sutileza y de reunión con el toro a los que nunca he llegado.



-¿Cuál es el gran reto de Pablo Her­moso de Mendoza? ¿Dónde pone el foco?

-En cada momento de mi vida me he puesto una meta pero siempre he tratado de superarla. Me digo: un poquito más, aho­ra esto, luego aquello... A día de hoy baso todo en las sensaciones. No me preocu­pa llegar aquí o allá, me muevo por sen­saciones personales. Tener la suerte de disfrutar el toreo desde ese punto de vis­ta es muy bonito y mientras el público me aguante voy a seguir toreando sin la necesidad de triunfar aquí o allá y sin la pre­sión de marcarme unos objetivos que en otro momento de mi carrera sí necesita­ba conseguir. De aquí en adelante, y has­ta donde pueda llegar, me guío por puras sensaciones.



-El público sigue queriendo a Pablo Hermoso de Mendoza.

-La sensación de sentirse querido es lo más importante para seguir adelante. Puedes tener mucha afición y pasión por lo que haces pero si no tienes el recono­cimiento del público... Ver que todavía el público se sigue emocionando conmigo es el impulso definitivo para seguir vistién­dome de torero. La afición sigue esperan­do mucho de mí y, por tanto, me obliga a no defraudar a mis seguidores. Tengo un compromiso muy grande con ellos que no puedo romper.



-Vista su trayectoria y aunque sus ob­jetivos son otros, ¿le sigue molestando que una tarde los compañeros corten más ore­jas que usted?

-La competitividad uno la lleva den­tro y en mi caso siempre la he tenido pero con los años aprendes a canali­zarla, aprendes a disfrutar del triunfo y a asimilar la "derrota" cuando llega. Esta etapa de mi carrera está enfocada a la parte artística del toreo más que a la competencia que existe en el ruedo. Cuando se focaliza el toreo a la compe­tencia pura y dura se acaba por dejar de lado la parte artística. En ocasiones se busca el triunfo por un camino que no sientes de verdad. Hay momentos en la carrera de un torero en los que se opta por esa opción y otros, como es mi caso ahora, en los que me cuesta salir de lo que realmente siento como torero. Si lo que hago y lo que siento no es suficiente para cortar orejas tampoco creo que sea momento de buscar otros caminos.



LOS CABALLOS

La cuadra de Pablo Hermoso es de sobra conocida. Quién no es capaz de recono­cer nombres como Churumay, Disparate, Berlín, Viriato o Pirata. El rejoneador nava­rro cuenta desde hace varios años con una constelación de estrellas, tanto que los ca­ballos de su segunda unidad, por hacer un símil deportivo, serían auténticos cracks en las cuadras de otros rejoneadores.



-¿Ha llegado al punto de que no le sir­ve cualquier caballo?

-No es que no me sirvan, simplemen­te selecciono. De quince o veinte potros de una camada pueden llegar tres o cuatro y es posible que en ese momento no que­pan en la cuadra. En esos casos me guío por necesidad, es posible que un año me falten caballos de salida y toca reforzar ese tercio. En los últimos años me ocu­rre lo que a las canteras de fútbol de los grandes equipos que hay futbolistas que para el Real Madrid o el Barcelona no fun­cionan pero para otros equipos sí y ade­más se convierten en grandes estrellas.



-¿El gran avance del rejoneo pasa por los caballos?

-Sí, sin lugar a dudas. Por los caba­llos y por la equitación. Eso es lo que hace evolucionar. También el toro, que es una parte importante, se necesita un animal con ritmo, que embista recto, pero el ca­ballo es el capote y la muleta y pone los movimientos, la estética, el temple... eso se consigue con mucha calidad genética y mucha equitación.



-Parece complicado evolucionar el ca­ballo de hoy en día.

-La perfección es inexistente. Todos la buscamos y nadie la alcanza. Aun así, se ha llegado a un punto en el que ves to­rear a los caballos y parece hasta senci­llo de hacer. Un amigo extranjero me de­cía que hablaba con amigos suyos de China y que veían la corrida de rejones como un espectáculo preparado, que el caballo iba jugando con el toro. En ocasiones, de tan armónico y estético que es este espectá­culo, se transmite esa sensación. Siempre he defendido que tenemos que tener mu­cho cuidado en que no se pierda la esen­cia del espectáculo, que se siga viendo el peligro, pero es verdad que en el toreo a caballo tenemos un matiz diferente del toreo a pie.



-¿A qué se refiere?

-Los toreros pueden pegarse un arri­món en cualquier momento, jugarse la vida e incluso dejarse pegar una voltereta y el público lo va a valorar como un gesto he­roico. En nuestro caso, cuando nos equi­vocamos y exponemos al caballo ante el toro el público se pone en nuestra con­tra. El público quiere ver arte sabiendo que existe el riesgo pero siendo conscien­tes de que hay un alto porcentaje de salir airoso. Se ha evolucionado hacia la parte más estética del espectáculo.



-¿Esa pérdida de emoción viene dada también por el monoencaste que existe en las corridas de rejones?

-La variedad siempre genera espec­táculo. Pero dentro de un mismo encas­te hay diferencias entre ganaderías. Unas apuestan por el toro con temple y ritmo y otras por un animal más encastado. A lo largo del año salen toros a los que hay que ponerles mucho de tu parte porque tienen un exceso de nobleza y no trans­miten mucho y otros, como el que me sa­lió en la Vendimia de Nimes, que me hizo sufrir y se hizo el dueño de la plaza. A ese hay que exponerle y tirar de técnica pero transmitía mucho al público. Luego hay to­ros que dejan al caballo psicológicamen­te destrozado.



-Explique eso.

-Ocurre con el toro de Saltillo por ejemplo. Tiene una embestida extraor­dinaria, con una despaciosidad especial, pero hay un porcentaje alto de toros de este encaste que te esperan, que se po­nen por delante del caballo, que cambian el ritmo... y aunque triunfes con ellos o hagas una faena importante te provocan un dolor sentimental. En ocasiones con el de Saltillo piensas: "El cuadro que traía yo de casa pintado me lo ha destrozado, me lo ha arañado, me lo ha roto por todos los lados". Sin llegar a tropezarme el ca­ballo, tengo la sensación de que el caba­llo no obedece y como artista crees que te han destrozado la obra y que le has fa­llado al caballo porque nada había salido como le habías contado.



-¿Todo eso lo puede llegar a provo­car un toro?

-Lo provoca.  A mí, como rejoneador, el toro complicado me plantea problemas y los asimilo. Ha sido malo y punto, ma­ñana saldrá uno mejor. Pero al caballo no le puedes explicar eso. El caballo tiene la sensación de que le has roto toda su ar­monía, que todo lo que le has enseñado no le sirve y ya no le puedes contar la misma historia que le habías contado porque no ha salido como le habías dicho. Al caballo lo matas psicológicamente. A un caballo tan importante como Caviar recuerdo que un toro de Passanha en Lisboa le rompió todos sus moldes, psicológicamente lo venció y no lo tropezó en ningún momen­to pero acabó con su carrera. A partir de ahí ha toreado muchas corridas pero yo siento que no he sido capaz de reconducirlo, de convencerlo de nuevo y de borrar esos recuerdos.



-Volviendo a su temporada, ¿qué tar­des destaca del año?

-Una faena en Nimes, otra en Bilbao, aunque no la rematé con el rejón de muerte. En Salamanca recuerdo que cuajé un toro muy a gusto con Berlín. En Istres, mano a mano con Lea Vicens, con una corrida ex­traordinaria de Capea que fue un espec­táculo. Es de las tardes que guardo con más cariño. Fue redonda de principio a fin.



-¿Compensa hacer una temporada tan larga en América por perderse plazas como Valencia, Sevilla o Arles?

-No es que compense o no compense. Es una cuestión de compromiso. México me ha dado mucho, me atrevo a decir que ha sido el 50% de mi trayectoria y le debo gratitud y entrega. Desde hace muchos años mi planteamiento ha sido este y no . me planteo si vale la pena o no. Además, el tema logístico en cuanto al transporte de los caballos es complicado e ir a plazas como Valencia en Fallas o Sevilla supon­dría dejar de torear un mes en América y eso sería demasiado y quedaría reducida la temporada americana a muy poquito.



Su hijo Guillermo y los recuerdos de sus comienzos

Este invierno está siendo diferente y espe­cial a la vez para Pablo Hermoso de Men­doza. El navarro está compartiendo tem­porada americana con su hijo Guillermo, quien apenas acaba de iniciar su andadura como rejoneador. "Es ilusionante ver una carrera que comienza llena de esperan­za e incertidumbres. Me vienen recuer­dos de cuando empezaba aunque yo lo hice de forma muy distinta a él pero las sensaciones son parecidas. De momento lo poco que ha toreado ha ido muy bien, está muy metido y centrado. La tempo­rada en América tiene una particulari­dad importante: aquí estamos instala­dos en el rancho, así que su vida social es muy distinta a la que tiene en España, aquí estamos viviendo entregados al toro y al caballo. Mi percepción es que en es­tos dos meses ha evolucionado mucho. Ha pulido lo que venía trabajando, ahora lo ha interiorizado y poco a poco lo va plasmando en la plaza. El trafcyo del día a día se lo toma con mucha responsabi­lidad porque es lo que ha vivido en casa desde pequeño conmigo. La seriedad en la preparación es fundamental".



¿Cómo está llevando la presión de torear con su padre?, preguntamos. "Cada una de sus presentaciones está rodeada de expecta­ción, de seguimiento, está todo el mundo pendiente y es mucha presión la que tie­ne pero la ha canalizado bien y las sen­saciones que transmite son de felicidad".



Para Pablo Hermoso de Mendoza es un reto, no sólo como padre sino como ins­tructor. "Por mi casa han pasado muchos rejoneadores y esa experiencia acumu­lada me sirve para saber lo que le tengo que transmitir a Guillermo. La técnica se puede enseñar y aprender pero los sen­timientos han de ser los suyos".

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