EXTRA DE REJONEADORES

Resumen

El caballista estellés aborda su temporada 2017, el estado de la cuadra y sus proyectos en puerta al ser entrevistado por David Jaramillo para 6TOROS6.

Autor  |  Medio

David Jaramillo  |  Revista 6TOROS6

Fecha

Enero de 2018

País

España

Hermoso de Mendoza UNA FIGURA HISTÓRICA






Anunciar el nombre de Hermoso de Mendoza en cualquier cartel es sinónimo de categoría.

El implacable e impecable peso de su trayectoria, la maestría que atesora y su inagotable ambición por intentar ser aún mejor cada tarde, le han convertido en una leyenda viva del rejoneo, en una de esas figuras indiscutibles que la historia tendrá que poner en un lugar de honor, el que se merece.



Sentarse a hablar con Pablo Hermoso de Mendoza en su finca de Estella, mientras repa­sa con sus ojos la manada de potros y de becerros, es un ver­dadero privilegio. Su casa es un auténtico museo de trofeos y recuerdos de una de las más grandes figuras de todos los tiempos, una especie del "Hall de la Fama" del rejoneo, porque su historia es, al mismo tiempo, una parte importantísima de la del toreo a caballo, disciplina que le debe mucho, muchísimo, a este jinete navarro que, en los últimos años, ya está reduciendo nota­blemente los festejos en los que se anuncia.

—En tan sólo dos años, Pablo, has pasa­do de torear cincuenta corridas de toros en Europa a sólo 26 en 2017.

—Y de esas, sólo diecisiete en España, porque las otras nueve las repartí entre Fran­cia y Portugal.



-¿Qué objetivo persigues con este tipo de temporadas?

—Me gusta plantear las temporadas de acuerdo con las necesidades que tengo como torero, como persona y como padre, también. Porque es cierto que llevo unos años querien­do bajar la intensidad, buscando más la cali­dad que la cantidad y eligiendo las plazas en las que considero oportuno estar. Y este año quería intercalar mi temporada con los entre­namientos en casa con Guillermo, prepararle a él y a ese grupo de caballos que nos van a hacer falta para cumplir con altura los com­promisos que se nos vienen a ambos ahora.

Está claro que él está preparando su propia cuadra, como debe ser, pero a la hora de hacer algunos ajustes puntuales, entiendo que, por experiencia, todavía tengo que estar a cargo de estos pequeños detalles. He notado positi­vamente que, al torear menos, he podido llegar con caballos mejor preparados que otros años, en el tiempo que he podido dedicarles entre corridas.



-¿Hay algo que eches de menos de esas temporadas más intensas?

-Sí, naturalmente, tengo la sensación de que no ha sido temporada. En otros años, al fi­nalizar, tenía cierta sensación de cansancio fí­sico, psicológico, o simplemente saturación por los viajes, los compromisos, o todo junto, pero ahora tengo la sensación de que me falta algo. Al final, nunca estás completamente a gusto [risas], pero es verdad que he terminado el año y me siento fresco, con ganas de seguir.



-¿También en la plaza has sentido esa frescura?

—Fíjate que creo que estoy cambiando un poquito el "chip", porque a mí el tono me lo daba el torear. Yo siempre he dicho que, cuando toreaba seguido es cuando mis caba­llos y yo estábamos más compenetrados y más centrados, pero creo que era porque bus­caba esa dinámica, los preparaba para eso, para que se sintieran bien en ese contexto, al igual que yo, y ahora el torear poco me hace que tenga que montar muchísimo en casa pa­ra tener los caballos ajustados y siento que llego a la plaza, muchas veces, sin esa soltura que te da el haber toreado el día de antes. En­tonces es verdad que me estoy adaptando a este nuevo funcionamiento y todavía tengo cosas que ajustar.

—¿Crees que hubieses podido encon­trar con más facilidad a un caballo de últi­mo tercio, uno que cubra el vacío que deja "Pirata", si hubieras tenido una mayor ac­tividad en la plaza este año?

—Ya el hecho de encontrar un caballo co­mo "Pirata" es muy difícil y está claro que, probablemente, mi temporada habría sido otra muy distinta enguanto a trofeos si le hu­biese tenido en plenas condiciones, así que he notado ese vacío. Pero es que sustituir a una estrella de ese nivel es casi imposible. Sin embargo, creo que he encontrado dos o tres caballos con los que puedo sentirme bien en la plaza y puedo ser eficaz, y con ellos sí que me ha faltado un poquito ese ritmo del que hablas, y más en un tercio como el de muerte, porque tú puedes entrenar con una vaca en tu casa o con el carretón, pero no es lo mismo, ni siquiera matando un toro a puerta cerrada, porque falta la presión de la plaza, la puesta en escena, verle el sitio al toro, esperar el mo­mento, meter la mano, que el caballo te espe­re... sí me ha faltado ese ritmo de corridas, para estar puestos y encontrar el acople defi­nitivo. Ese es uno de los aspectos en los que tengo que cambiar algunas cosas, porque, por ejemplo, soy un torero que no me gusta torear vacas en mi casa, que nunca mato toros a puerta cerrada, entonces, toreando menos, creo que estos caballos sí que van a necesitar un poquito de actividad, de verle la cara al to­ro con más frecuencia.



—Repasando los números de tu tempo­rada, encuentro una coincidencia en que los éxitos más fuertes de este año se han da­do en Francia. ¿Se debe esto a alguna ra­zón especial?

—Creo que es casualidad, aunque podría buscar la razón de esto en que los toros me han embestido mucho mejor allí. Puede ser que la forma de trabajar en estas plazas, con respecto a las ganaderías, sea más exitosa, no lo sé, pero es verdad que he tenido mayor suerte con los toros y, además, también he es­tado mucho más certero con el rejón de muer­te. Lo cierto es que en todas las plazas me ha embestido al menos un toro y con ellos he po­dido firmar cosas muy importantes. De he­cho, señalas Francia, pero podría sumar a Portugal, y ahora que lo pienso con la tempo­rada acabada, estoy viviendo un momento en el que, en estos países, parece que tengo una conexión especial, No sé explicarlo muy bien, pero hay una atmósfera, un algo, que es­tá en el ambiente, que permite un mejor en­tendimiento y hace que salga una expresión distinta en la plaza, algo más de los sentidos. En Lisboa, por ejemplo, tuve una actuación este año con tres toros muy exigentes, con muy buen final, con mucho fondo, pero con unos cambios en el transcurso de la lidia que no han sido fáciles y lo recuerdo como uno de los días más importantes. Otra en Alcochete, que es una plaza muy pequeñita, pero con un sabor muy especial, algo casi íntimo, con una afición muy selecta que te exige al máximo y que, como te tienen cerca, en seguida te lla­man la atención cuando algo no es de su gus­to, pero que también se rompen con lo bueno. Ese día creo que pude lidiar la corrida más di­fícil que he tenido que torear en los últimos diez o quince años y resultó un éxito tremen­do, pero todo gracias a esa conexión y a ese respeto, porque sabían medir la dificultad de los toros y entendían perfectamente cada fase de la lidia, valoraban tu capacidad y juzgaban tu puesta en escena con una severidad tre­menda, pero siempre poniendo en la balanza las condiciones del toro. Ese ambiente te hace sentir todo el peso de la responsabilidad, te hace sentir obligado a dar una vuelta de tuer­ca más, a arriesgar, a poder y buscarle las vueltas a las complejidades. Esa corrida tuvo tanta emoción y ese punto de peligrosidad que hizo que la gente saliera enloquecida con lo que allí se vivió y siento que eso es algo que nos está faltando en el toreo a caballo, porque es verdad que hemos buscado un toro que nos deje recreamos más a nivel artístico. En definitiva, es cierto que ha sido una tem­porada que en Francia y Portugal ha tenido más éxito, aunque en España he cuajado toros importantísimos que no han sido del todo re­frendados con la espada. Aun así, ahí están las tardes de Bilbao, Zaragoza y Salamanca, que han sido contundentes en todos los as­pectos.

—Pareciera que en el rejoneo sí se man­tuviera aún la premisa de que la espada es la que da y quita las orejas, porque a pie, a veces, pareciera que los pinchazos o la co­locación importan menos.

—Hay algo curioso que he analizado estos días y es que, en las temporadas del maestro Moura, al final, él no fue muy rotundo con la espada, aunque sus faenas eran el delirio de cualquier aficionado. Pero se creó la corrien­te entre el público de que "no, es que Moura no mata" y creo que a raíz de que los últimos dos o tres años en los que no he matado los to­ros en Madrid, se está empezando a crear esa misma corriente a mi alrededor y ya no sé si me he contagiado un poco, pero si es una es­pecie de lastre que arrastro. Por supuesto que me preocupa, porque como bien dices, en el rejoneo esa suerte sigue siendo primordial. En el toreo a pie una gran faena parece que te da cierto crédito, que si no matas a la primera hay un compás de espera que no hay en el re­joneo, porque en cuanto pinchas la primera vez, escuchas el ¡Ohhh! de desencanto y ya para el segundo intento es como si desconec­taran de la faena.

—A estas alturas de tu carrera supongo que habrá pocas cosas que te sorprendan, pero ¿hay alguna tarde que te haya hecho pensar que hay algo en lo que puedes se­guir creando cosas nuevas?

—Sí, en Nîmes en septiembre, esa, junto con Lisboa, han sido las dos tardes que más me han movido por dentro este año, pero en Nimes he cuajado al toro más completo que he toreado este año, el más bravo, con más cali­dad, con exigencia, pero con un fondo extraor­dinario. Pienso que era un toro de indulto, to­talmente, pero al ser una corrida mixta, puede que la gente no haya roto completamente con el toro como verdaderamente lo merecía. Sin embargo la faena fue maciza, redonda... a ve­ces uno siente que se recrea mucho, que los ca­ballos han disfrutado, pero a lo mejor ha falta­do exigencia por parte del toro, otras veces ha existido esa exigencia pero los caballos han podido estar a la defensiva, pero esta vez hubo una armonía total, hubo exigencia del toro, rit­mo, movilidad, y los caballos respondieron yendo a más, con expresión, con riesgo, con torería, con creatividad, a un nivel realmente superior, que es lo que te hace pensar que ahí puede haber algo más, que siempre hay algo más que puede sorprender al público.



—Hay plazas en las que, por el momento en el que empiezas tus temporadas, ahora te dejas ver poco: Sevilla, Arles, Valen­cia... ¿Volverás a anunciarte en ellas?

—Y otras tantas por las que siento una nos­talgia tremenda. Sevilla, por ejemplo, es una de las que siempre echo de menos; en cambio Valencia o Arles a veces las puedo encajar en julio o en septiembre, aunque no es fácil. Pe­ro por ejemplo en Castellón recuerdo que nos veíamos las caras y nos medíamos a ver cómo salíamos del invierno, qué caballos nuevos había y era una especie de pistoletazo de sali­da que nos marcaba mucho. Son plazas a las que, sin duda, me gustaría volver.



—Háblame de tu cuadra. ¿En qué mo­mento está ahora? ¿Cuáles son tus nuevas "armas"?

—Gracias a que el año pasado pude mon­tar más en casa, creo que estoy consolidando otra vez un equipo muy completo. Dentro de ellos, "Disparate" es, sin duda, el baluarte de la cuadra. Ha estado bien con el toro bueno y ha hecho frente al toro difícil; luego "Berlín", que empezó tarde la temporada porque había tenido una lesión en una rodilla en el 2016 y me dio miedo en el principio de temporada ti­rar de él, pero lo fui sacando poco a poco y ha hecho un final de año espectacular, es con el que yo he sentido los niveles más altos de to­rería, más que con "Disparate". En las faenas importantes he sentido con "Berlín" ese pun­to artístico, de templanza, de ralentí en el mo­mento de reunirme con el toro y con un pelín de profundidad más que con "Disparate". Y entre los nuevos "Januca" es uno de los que se ha consolidado, puede muy bien con el to­ro, te da tranquilidad y seguridad en la lidia, aunque artísticamente dice poco. En ese as­pecto tengo un hijo de "Viriato" que siento que me puede dar mucho más en esa expre­sión, lo veo muy completo.



—¿Ya estás toreando con él?

—En público no, sólo algunas vacas, pero siento que me puede aportar cosas, son ésas que sólo puedes percibir montado en la silla, te las transmite el caballo y le tengo mucha fe porque hacen que sientas cosas especiales.



— ¿Ya tiene nombre?

—Su nombre de registro es "Impaciente"pero todavía no sé si se queda con ese o le po­nemos otro artístico.

-¿Cómo va el experimento que estabas haciendo con tu yeguada, en la que estabas poniendo sangre hannoveriana?

—Bien, creo que avanza bien. No he pues­to más, porque la idea que siempre he tenido es conseguir que esa sangre esté presente, pe­ro un poquito diluida en mi yeguada, es decir, con un porcentaje bajo, entre un 12 y un 15% de sangre hannoveriana, nada más.



-¿Qué porcentaje tiene "Berlín"?

—"Berlín" tiene cincuenta por ciento, pero

es la excepción. Lo que quiero es llegar a un caballo que tenga por detrás ese fondo, ese potencial de más fuerza, de mayor movi­miento que puede aportar la sangre hannove­riana, pero que, en su estructura, en su morfo­logía, sea la del caballo lusitano, que es el que de verdad trae la torería. Eso en cuanto a los caballos de rejoneo, porque ahora continúo con lo hannoveriano puro para doma clásica.



-¿Y la ganadería de lidia?

—Esa ha cambiado, estoy quitando todo lo Parladé que tenía, me quedan nada más que las veinticinco o treinta vacas que me daban mejor, que también terminaré por quitar, y es­toy empezando a criar Murube, porque con este planteamiento de temporada necesitaré torear más en casa, también para los entrena­mientos con Guillermo, y por eso compré una camada de Rosa Rodrigues, que es de procedencia de El Capea.



—¿Es más de consumo interno, o pien­sas también lidiarlo en las plazas?

—No, la idea es poder lidiar también en la plaza, aunque mi intención no es tener gran­des camadas, me gusta tener algo corto, que pueda controlar.



—Este año tu presencia en las plazas mexicanas es más amplia.

—Sí, bueno, mi temporada mexicana siempre se marca por la cantidad de días que esté, porque suelo torear sólo los fines de se­mana, así que mientras más semanas esté, más toreo, y como este año estoy con Gui­llermo haciendo una campaña más intensa, pues estaré más tiempo y terminaré toreando un número importante de corridas de toros.



—¿Qué proyección le estás viendo a Guillermo?

—Mira, él tiene algo que yo le envidio y ya lo hablamos antes en otra entrevista que hicimos, y es que tiene una intuición y una lectura del toro y de los caballos tan pronta y acertada que, si sabe cultivarla y poten­ciarla, tendrá muchas posibilidades de triunfar. En México ya lo ha demostrado en las tardes que ha toreado y por eso su pro­gresión está siendo muy buena. Aun así, es­tá empezando y tiene muchas cosas que me­jorar, pero le gusta y tiene condiciones para llegar lejos.



GUILLERMO HERMOSO DE MENDOZA

La gran novedad para 2018



Debutar con éxito en México, ganar el prestigioso "Rejón de Oro" de Mejanes en Francia y volver a triunfar en la tie­rra que le vio nacer y presentarse, han sido los logros de la breve pero intensa primera temporada como rejoneador del vástago de Pablo Hermoso de Mendoza. Tras el debut en Estella en 2016, Guillermo Hermoso se abre camino lento, pero con paso firme.



—¿Qué balance haces de este primer año a caballo?

-Ha sido una temporada de rodaje, muy cortita, porque sólo he toreado siete feste­jos, que me dejaron muy buenas sensacio­nes. El debut en Francia fue una tarde muy especial. Conocer a ese público tan respe­tuoso... fue muy bonito. La tarde de Estella con los tuyos cuando miras al tendido y ves a tus familiares y a tus conocidos, sabes mu­cho más motivado... Ahora a esperar el 2018 a ver si esas sensaciones son mejores aún.



 —¿Y cómo viviste tu debut en México?

-Debuté en abril en San Miguel de Allende y salieron las cosas muy rodadas, pero en­tonces iba mucho más tensionado que aho­ra, porque era jugárselo todo a esa fecha. A medida que fue avanzando la temporada, coges el ritmo de Ir toreando más a menudo y así va siendo todo más fácil. Las sensacio­nes fueron positivas, sobre todo porque en esa primera corrida salieron los toros com­plicados y al llevar tiempo sin torear, las co­sas se hacen más complicadas por ese mo­tivo, pero luego embistieron los toros y las sensaciones fueron mejores y, sobre todo, que los maté bien. Al final fueron todas las tardes de triunfo.



—¿Qué planes hay para 2018?

-Lo primero tengo la temporada america­na en México, allí torearé unas 20 fechas antes de venir a España en mayo. A la tem­porada española hay que darle forma toda­vía, pero lo que sí que tenemos claro es que será como novillero, no habrá alternativa aún. Primero hay que rodarse un poco más e ir poco a poco hasta ya dar ese paso del doctorado.

MARIBEL PÉREZ

Sidebar