EXTRA DE REJONEADORES

Resumen

Jorge Casals es el encargado de entrevistar a Pablo Hermoso de Mendoza para el clásico extra de rejoneadores de Aplausos, teniendo como título PURA MAESTRÍA.

Autor  |  Medio

José Casals  |  Semanario Aplausos

Fecha

Enero de 2019

País

España

PABLO HERMOSO DE MENDOZA PURA MAESTRÍA




Tres décadas en la cumbre como figura indiscutible es un hito hasta ahora inalcanzado por ningún otro torero a caba­llo. Pablo Hermoso de Mendoza lo ha conseguido y todavía sigue sin otear un final ni encontrar techo para su toreo, que continúa siendo un referente necesario, un maestro guar­dián del toreo más clásico y puro que mantiene viva la llama de la ortodoxia y toda su liturgia. Esta temporada ha querido darse el gustazo de presentar en las ferias a quien puede ser su relevo, su hijo Guillermo. Más allá de las estadísticas y los números, su maestría y un toreo cada vez más majes­tuoso han sido pura delicia para el paladar del aficionado.

 

 

En Zarapuz sigue agotando los últimos días del año Pablo Hermoso de Mendo­za antes de partir ahora en enero hasta su segunda tierra: México. Son fechas en las que hay mucho movimiento en la finca de Estella. Es época de prepa­ración de nuevos caballos, de pulir los que están en camino de consolidar­se y de seguir manteniendo en forma las grandes estrellas, que no son po­cas. La factoría ecuestre Hermoso de Mendoza, en plena producción. La ac­tividad de Pablo a sus 53 años resulta sorprendente, pero sobre todo, ejem­plar para los rejoneadores que se ini­cian y que ven en el torero navarro los frutos y la recompensa al esfuerzo y a toda una vida dedicada al toro y al ca­ballo. Porque los milagros no existen.

-Este 2019 va a cumplir 30 años de alternativa. Después de tanto tiempo, de haberlo conseguido todo en el to­reo a caballo, de haber marcado una época... ¿qué le sigue motivando para continuar tirando del carro?

 

-Uno nunca lo consigue todo, si lo creyese, estaría muerto profesional­mente. Siempre busco más, me ilusio­na evolucionar en la vida, vivir el mo­mento y saborearlo.

-Asombra que diga que sigue evo­lucionando cuando sus faenas rozan la perfección, cada una de ellas es una lección magistral

 

-Esa es una sensación que se percibe desde fuera pero tus sensaciones y tu vi­vencias del día a día montando a caballo te dicen todo lo contrario, te vuelves muy perfeccionista y muy sutil en lo que haces y te das cuenta enseguida que en determinados momentos un caballo te ha pesado más en una mano que en otra, que en una rienda hay más tensión que en la otra, que quizás un caballo se anticipó a tu movimien­to y a lo mejor no te acoplaste... son mu­chos matices que hace que tengas la sen­sación como jinete y como torero, que no todo está controlado, y como artista, crees que todo el mundo ha notado esos fallos que tú sientes, por eso nunca hay una tar­de redonda, siempre buscas algo más. La perfección nunca llega.

 

-Podía aplicar aquella frase de “solo sé que no sé nada”.

-Así es, cuanto más sabes, más infeliz te vuelves. Nada te satisface, silbes todo lo que no está redondo e incompleto y eso te frustra, luchas para que no sea así, quieres que todo sea perfecto. Al principio, cuan­do empiezas, todo te hace feliz, cualquier sensación nueva o momento que se acerca a lo que habías soñado, te da una satisfac­ción inmensa, pero cuando llevas tiempo y te vas depurando en todo lo que haces, te vuelves un insatisfecho.

 

-La temporada 2018 se ha visto marca­da por la irrupción de su hijo, con quien ha compartido la gran mayoría de tardes. Un gustazo para un padre, imagino.

-A ratos lo he sufrido también, pero me quedo con las sensaciones buenas, con ha­ber podido vivir, compartir y saborear con tu hijo una profesión a la que amas, todas esas sensaciones frente al toro, de verte reflejado en tu hijo todo lo que viviste en tus comienzos... es una mezcla de muchas sensaciones que me han hecho muy feliz.

 

-Se le ha acusado de eludir la compe­tencia al haber toreado tanto con su hijo.

-Bueno... a estas alturas siempre hay quien le busca tres pies al gato. Le digo una cosa, la competencia es buenísima y hace falta, y, además, existe cada tar­de porque con todos compites, creo que mi carrera está marcada por eso más que por otra cosa. Considero que lo de mi hijo no tiene nada que ver con la competencia, sino que es una página más de mi carrera y una experencia única que te da la vida, el poder compartir con tu hijo muchas tar­des como lo he hecho con cualquier otro rejoneador joven en mis 30 años de carre­ra. Es algo muy bonito que va a quedar por siempre en el recuerdo.

 

-Es el relevo natural... la continuidad de un apellido ilustre en el toreo a caballo.

-Eso parece, aunque hay que ser pru­dente, sigo diciendo que apunta y que toda­vía está muy verde, que debe pasar mucho tiempo hasta que todo esto se convierta en una realidad. Por lo menos, cuando miro al futuro lo veo diferente. Siempre me aterro­rizaba pensar que todo lo que había creado alrededor de mi vida y mi profesión, la ye­guada, los caballos... se quedara ahí como muerto, entonces de esta manera me veo representado, sé que puedo seguir vivien­do la Fiesta desde otra perspectiva, pero disfrutándola igual con mi hijo toreando. Sé que mi proyecto va a continuar con él y eso me tranquiliza más.

 

-Su irrupción en las ferias de una mane­ra tan repentina, ¿le ha hecho cambiar algu­nos de sus planes con respecto a su futuro?

-No. Creo que mi carrera está muy só­lida y estructurada como para estar mar­cada por la de mi hijo. Sí creo que tendré que ir adaptándome a una circunstancia nueva que ha entrado a mi vida, como es la irrupción de Guillermo. Este año, por ejemplo, ha sido un gustazo torear con él muchas corridas, presentarlo de mi mano en muchas plazas, pero ahora mi objetivo es que sea todo lo contrario, que las carreras vayan separadas y que cada uno siga su camino. Sí es verdad que ha­brá tardes en las que coincidiremos por ser un motivo especial, pero la idea es seguir por distintos senderos para abrir más los carteles y no dar la sensación de que los Hermoso de Mendoza lo acapa­ran todo en un mercado con tan pocas oportunidades, ya que hoy en día el cir­cuito de los pueblos está apagado y si en las ferias solo hay tres sitios, no quiero que seamos nosotros los que acapare­mos dos de ellos. Por respeto a la profe­sión y a los compañeros, creo que debe­mos abrirnos en los carteles.

 

-¿Se va a notar la próxima temporada que va a torear bastante menos?

-La idea es la de torear menos para seguir apoyando la carrera de mi hijo, se­guirla de cerca y no coincidir en los carte­les, que cuando toree él, yo lo pueda se­guir desde atrás, verle desde otro prisma diferente al que cuando estás toreando. Eso me va a ayudar también a que cuando toree yo, esté más pendiente de lo que yo vaya a hacer que no tener esa mezcla de sentimientos que afloran cuando torea­mos los dos juntos.

 

-Todos los años le preguntamos por el principio de temporada española. Parece más complicado estar en Castellón y Va­lencia por la temporada mexicana, pero la Feria de Abril de Sevilla es más tardía este año. Se reúnen más circunstancias que otros años para su vuelta a la Maestranza. ¿No ha barajado esa posibilidad?

-El planteamiento está ahí y también la ilusión de volver a hacer el paseíllo en Castellón, Valencia y cómo no, Sevilla, todo ese principio de temporada que llevo años sin poder hacer. Ahora mismo, y según las fechas, sí hay una pequeña posibilidad de que volvamos a alguna de ellas, aunque to­davía es pronto, quizá durante la primera quincena de enero lo decidamos.

 

EL PÚBLICO DE HOY

-¿Sigue arrastrando el peso de la respon­sabilidad en muchas ferias, la presión del público, o por el contrario ya no recae tan­to en usted?

-Noto una exigencia como cualquier figura del toreo. Una exigencia que se ma­nifiesta de diferentes maneras, una vez en forma de exigencia para que des el máxi­mo y otras en cuanto a la emoción, por­que causas menos sorpresa ya que indu­dablemente la gente te tiene más visto, eres más previsible y sabe lo que vas a hacer en cada momento. Eso te hace exi­girte más y que busques en ese rinconci- to del toreo algo que se adapte a tus tiem­pos y que siga conectando y transmitiendo emociones al público.

 

-¿Cómo ve el público actual del to­reo a caballo, es el más generoso y ama­ble que nunca?

-Al público lo vamos educando los to­reros. Está claro que tiene una sensibilidad y una exigencia, pero con nuestras modas y manera de interpretar el toreo, lo guiamos hacia una corriente u otra. Ahora mismo el rejoneo se está decantando por una rama más populista y eso hace que el público siga esa vertiente, se sienta identificada con ella. Cierto es que atravesamos uno de los mejores momentos del rejoneo, se torea muy bien y con mucha calidad, pero también es verdad que se está imponien­do un espectáculo que cala de una ma­nera más fácil en el público, una apuesta por una corrida “más divertida” diría yo, y esa parte me preocupa bastante porque la fiesta de los toros es una manera de divertirse pero con una liturgia y respeto, sin olvidarse de que estás sacrificando un ani­mal en un espectáculo donde se juega con la vida y la muerte de la persona y del ca­ballo en nuestro caso, entonces todo eso no se puede banalizar, la gente debe sen­tir emociones que estén lejos de la risa o el espectáculo barato.

 

-Eso va en contra de la propia evolu­ción del toreo a caballo.

-Y hasta de su supervivencia. Por lo que más nos critican es el motivo por el que sobrevive, por ese ritual, por esa du­reza de enfrentarse a un toro, eso es lo que hace grande a esta Fiesta y por tan­to debe convertirse en el cénit de nuestra profesión. Los adornos que creamos al­rededor pueden ser una guinda al pastel, pero nunca la guinda puede ser más gran­de que el pastel.

 

-El ejemplo se ve constantemente en Madrid. La diferencia del público de rejo­nes con el que asiste al resto de corridas es abismal.

-No se puede comparar. Ves cómo el público le exige al máximo a un torero, lo difícil que es triunfar en Las Ventas y, sin embargo, en estos momentos no podemos decir lo mismo con el público de rejones, que es agradecido, muy divino para noso­tros, agradable, que ves que te aplauden y se entusiasman con todo, pero para ser referencia del toreo mundial como es y que los éxitos tengan el peso que deben tener, el público de Madrid no es como el que yo conocí hace 20 años, cuando los mismos abonados de a pie iban a la corrida de re­jones y exigían mucho más, por eso cuan­do triunfabas te ibas satisfecho al saber que habías pasado esa reválida.

 

-Pongámonos exigentes entonces, Pa­blo. ¿Le hace falta más carbón al toro de rejones de hoy en día?

-En las ganaderías de a pie sale ese toro con movilidad, profundidad y emo­ción, pero sí es verdad que el toro de rejo­nes, tras seleccionar mucho la clase y la nobleza, se ha quedado en un punto don­de falta ese final de embestida, ese punto de más de motor, que tenga mayor chis­pa y alegría en su embestida. Ese puntito de más sí se lo daría al toro de rejones.

 

EN BUSCA DE LA ESTRELLA

-Siempre ha confesado que uno de los mo­tivos de mantener intacta su ilusión es el

caballo y la búsqueda de ese animal per­fecto, esa gran figura que siempre uno sueña tener y que marque grandes diferencias.

-Hay momentos en los que buscas ese gran caballo para que a ti te haga figura, pero hay otros momentos, como me ocu­rre ahora mismo, que lo que buscas es re­dondear esa estrella, crearla, que todos tus cruces en la yeguada que haces jugan­do con la genética te den resultado y salga ese caballo con todo lo que necesitas para darle forma de estrella, desde el primer momento en que lo buscas cqp los cruces de sus padres hasta que lo presentas en la plaza. Ser partícipe de todo ese proce­so que dura tantos años. Quieres conse­guir esa gran estrella que pueda poner de su parte esa expresividad, eso que tú nun­ca vas a poder aportar por mucha técnica o preparación que tengas.

 

-Es la parte innata de los caballos.

-Uno se convierte en profesor de es­cuela taurina y puedes aportar una par­te de técnica, pero hay otra que la tiene que poner el torero, en este caso el caba­llo. Uno no puede crear a un genio, porque con esa sensibilidad y expresión se nace.

 

-¿Hay alguno de los potros de este año que reúne esas condiciones para ser esa fi­gura que tanto anhela?

-Tengo un lote de potros que me tiene ilusionadísimo, aunque suena a tópico por­que cada año por estas fechas todos (os rejoneadores decimos y sentimos lo mis­mo, aunque la realidad es distinta, hay que esperar a que se consolide y eso no es fá cil. Hay dos que me tienen muy ilusiona­do, uno es hijo y otro nieto de Caviar, los dos me gustan mucho y pueden rozar eso que busco; hay un hijo de Van Gogh, algo más incompleto y con más carencias que los dos que vienen de Caviar, pero sí con un momento artístico en la reunión que me encanta, me recuerda mucho a Gallo, ca­ballo con el que sentía como una caricia el momento de la reunión, con una manera muy personal de acompañar la embesti­da; y el más jovencito de todos, que tiene tres años y debutará ahora en México, es el primer hijo de Pirata que voy a presen­tar en unaplaza y espero que me haga salir de esta agonía que vengo sufriendo estos últimos años en el último tercio.

-En ese sentido, Pirata, que es un gran caballo de último tercio, es ya un fijo en la cuadra de su hijo Guillermo.

- Después del parón que tuvo por la le­sión, decidí que podía ser el mejor profe­sor para mi hijo, el que le iba a enseñar a ejecutar esa suerte, esa manera de entrar a matar que difícilmente se puede hacer siempre pero que es la que yo siento. Es un caballo que da los pechos y que acompaña la embestida en el momento más difícil de la lidia, cuando ya el toro tiene sentido, se agarra al piso y su embestida es más irre­gular. Tener un caballo así es todo un privi­legio y Pirata está siendo su mejor maestro.

 

-Caviar, al que todos recordamos por aquella gran tarde de Pamplona en la que incluso dio la vuelta al ruedo con usted, parece que está siendo un gran semental.

-Es hijo de Chicuelo y nieto de Cagan- cho. Ha sido de los caballos con más trans­misión y expresividad, pero también el más difícil de mantener en ese punto ideal que uno quiere, que es uno de los grandes pro­blemas de algunos caballos que son es­trellas una tarde, pero no logran mante­ner la regularidad que necesitas, escapan a tu control. Pero ahora mismo, voy a ver si gracias a la genética he podido solven­tar ese hándicap y tanto su hijo como su nieto me dan algo más de regularidad en la cara del toro.

-Es usted incombustible. Da la sensa­ción de que queda Pablo para rato.

-Nunca me gustaron mucho las des­pedidas. No se me pasa por la cabeza de­cir adiós. Seguir toreando me hace sentir­me muy vivo.

 

 

La alquimia con hannoveriario

Pablo Hermoso de Mendoza siempre ha sido un alquimista en cuanto a la selec­ción de los caballos de su yeguada se re­fiere. Ahí están esos cruces con yeguas hannoverianas que han dado productos tan excelentes como Berlín, una de sus estrellas actuales. “La alquimia siempre dio muy buen resultado en el rejoneo. Cuando yo llegué funcionaba mucho el tres sangres, el hispanoárabe e incluso el pura sangre inglés o angloárabe. Lue­go, el maestro Ángel Peralta cruzó con cuarto de milla y que vemos ahora en Lea Vicens que son auténticas figuras. Yo hice la locura de mezclar con el han­noveriano y al principio hubo unos potros que apuntaron, costó darles forma pero con los años ahí se ven los resulta­dos: Berlín o Ilusión, que es ese caballo nuevo del que te hablaba hijo de Caviar. Tienen un físico de mayor tamaño y su periodo de preparación es un poco más largo, pero la dimensión en la plaza es magnífica. Caballos buenos para el rejo­neo y para otras disciplinas, donde algu­nos ejemplares de su hierro están acapa­rando premios. “Al final es un caballo de deporte y eso lo convierte en muy versá­til, para doma, salto... una mezcla entre un caballo centroeuropeo y uno lusita­no, un término medio que puede servir para muchas cosas”

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