LISBOA RINDE HOMENAJE AL ETERNO MAESTRO DEL REJONEO
6 de septiembre de 2024
Lisboa, Campo Pequeno.
Una noche especial en Lisboa, en la icónica plaza de toros de Campo Pequeno, con un lleno absoluto. La corrida contó con toros de la ganadería Charrúa, y un cartel compuesto por tres grandes figuras del rejoneo: Antonio Telles, Luis Rouxinol y Pablo Hermoso de Mendoza, que demostraron por qué son referentes en el toreo a caballo. Pablo, una vez más, dejó una profunda huella en la afición lisboeta.
Charrúa
RESEÑA
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Antonio Telles: 1 vuelta al ruedo en cada uno de sus toros.
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Luis Rouxinol: 1 vuelta al ruedo en cada toro y una fuerte ovación en el segundo.
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Pablo Hermoso de Mendoza: 1 vuelta al ruedo en el primer toro y 2 vueltas en el segundo.
1.er toro: Salida: Portobello / Banderillas 1: Jibaro
2.do toro: Salida: Nomada / Banderillas 1: Berlin.
NAVEGANTE, ILUSIÓN, MALBEC, NAIROBI
- LLENO ABSOLUTO
ACTUACIONES
TOROS LIDIADOS
OREJAS
RABOS
PUERTAS GRANDES
Campo Pequeno es una de las plazas más emblemáticas del toreo a caballo en Portugal, y Pablo Hermoso de Mendoza tiene una relación muy especial con este escenario. Desde su debut en Lisboa, ha protagonizado algunas de las faenas más memorables de la plaza, siendo siempre un nombre esperado por los aficionados portugueses. Esta noche no fue la excepción, con la plaza completamente abarrotada para ver al maestro de Estella.
Fuente: pablohermoso.net
Pablo Hermoso de Mendoza debutó en Lisboa hace más de dos décadas y ha sido protagonista de noches históricas en este ruedo. Su maestría y su conexión con la afición portuguesa han hecho de él un ídolo en esta plaza. No es raro que cada vez que se anuncia su nombre, el «no hay billetes» sea la norma, como ocurrió esta noche.
La noche del 6 de septiembre de 2024 en Lisboa será recordada como el momento en que Pablo Hermoso de Mendoza, el más grande de los rejoneadores, se despidió del Campo Pequeno en una apoteosis de arte, entrega y maestría. En una plaza que siempre le ha venerado, Hermoso volvió a demostrar por qué su nombre es sinónimo de perfección en el toreo a caballo. Ante un público que agotó las entradas semanas antes, el navarro no solo mostró una faena de técnica sublime, sino que dejó grabada su impronta en la historia del toreo portugués.
El primer toro, un ejemplar de raza complicada, salió con fuerza y sin temple, buscando poner a prueba al maestro. Pero desde que Hermoso montó a Portobello, todo quedó bajo su dominio. Clavó dos farpas con una precisión milimétrica, mostrando su capacidad para templar hasta el toro más incómodo. La entrada de Jíbaro, en su máximo esplendor, levantó al público de sus asientos con cinco banderillas perfectas, ejecutadas con la sincronía y elegancia que solo él puede lograr. Aunque el toro carecía de clase, Hermoso lo entendió a la perfección. Los forcados se encargaron de rubricar la faena con un pegue espectacular a la primera. La vuelta al ruedo fue una ovación de respeto, aunque la verdadera magia estaba por venir.
Cuando salió el segundo toro, más bravo y con mayor clase, el ruedo de Lisboa se convirtió en el escenario de una auténtica obra maestra. Hermoso, sobre Nómada, clavó dos farpas soberbias, pero fue cuando apareció Berlín que el arte alcanzó niveles celestiales. Cinco banderillas cargadas de valor, entrega y una hermosina que dejó sin aliento a los presentes. Cada batida, cada entrada por los adentros, era un recital de toreo sublime. El toro, aunque con ciertas carencias de fuerza, se rindió ante el dominio del maestro.
Y justo cuando parecía que la noche no podía ser más emocionante, surgió un tributo digno de las leyendas. De manera espontánea, las máximas figuras del rejoneo luso – Francisco Palha, el maestro João Moura, João Telles, Antonio Telles hijo, el hijo de Luis Rouxinol, junto con los actuantes de la noche – saltaron al ruedo para rendirle el homenaje más sentido. Cada uno de los actuantes le había brindado su toro, en reconociendo al maestro navarro, y al final, entre vítores y lágrimas, todos ellos le sacaron a hombros por la puerta grande.
Con la plaza en pie, Lisboa despedía a Pablo Hermoso de Mendoza como lo que siempre ha sido: un dios del rejoneo, un genio que ha elevado este arte a alturas nunca vistas. Su doble vuelta al ruedo en el segundo toro fue un justo reconocimiento a una carrera llena de gloria. En el Campo Pequeno, Pablo no solo dejó su huella: se consagró como inmortal.