PABLO Y SU FAMILIA RECIBIERON A ¡HOLA! EN CASA

Resumen

La famosa revista semanal de sociales ¡Hola! México estuvo de visita con la familia Hermoso de Mendoza Tardienta en su finca de San Miguel de Allende.

Autor  |  Medio

Gaby Luna  |  ¡Hola! México

Fecha

30 de Enero de 2024

País

México

PABLO HERMOSO DE MENDOZA NOS HABLA, COMO NUNCA, DE SU RETIRADA

Listo para cerrar su ciclo como rejoneador, Pablo Hermoso de Mendoza nos recibe en exclusiva para ¡HOLA! en su residencia de San Miguel de Allende, Guanajuato. Acompañado por su esposa Miren y sus hijos mayores, Paula y Guillermo, y con el recuerdo constante de la menor, Alba, quien había viajado a España días antes, el rejoneador evoca emocionado los recuerdos de más de tres décadas de trayectoria. Una etapa de la que se despide entre los vítores y aplausos de su incondicional público mexicano.

—Pablo, ¿qué tiene de especial San Miguel de Allende que lo hizo elegirlo su hogar?

—Hace 24 años cuando vine a México por primera vez, una noche de viaje entre corridas caí en San Miguel y quedé cautivado. Entonces decidí que la siguiente temporada quería vivir aquí porque me parecía un pueblo con un encanto maravilloso y para la logística era fantástico por su ubicación el centro de la República. Es una ciudad que puedes vivir de distintas formas durante una misma semana, pero siempre rodeada de bohemia, música, restaurantes y calles que te sorprenden y me hacen recordar los patios de Córdoba y Andalucía.

—En el ir y venir entre México y España, ¿hay algún objeto infaltable para esta travesía?

—Sí, una imagen de la Virgen de Guadalupe que me regaló un amigo cuando llegué a México. Desde entonces me acompaña siempre en la camioneta en la que voy a torear tanto en las temporadas aquí como en España. Con los años descubrí que, en la iglesia de mi barrio, San Pedro en España, hay una imagen de ella en el lugar donde siempre me sentaba de niño.

—¿Cómo ha sido tomar la decisión de retirarse?

—Es una decisión que piensas a lo largo de tu carrera e intentas visualizarla. Siempre pensé que me retiraría a los 40 años, pero la vida me ha regalado tantas cosas en lo profesional que no he sido capaz de hacerlo y así he llegado a los 57 años. Con la ilusión de compartir cartel con mi hijo y haber vivido muchos momentos juntos decidí que este era el momento. Ahora quiero encontrarme con el Pablo Hermoso persona, porque el artista lo ha poseído. Volver a encontrar esos tiempos de sencillez, de disfrutar del campo, una merienda con los amigos e irme jugar a la pelota.

—En retrospectiva, ¿hay algo que haya quedado pendiente en lo profesional?

—Mi carrera me ha dado mucho más de lo que nunca me planteé, ni yo mismo me creo los momentos vividos en las más de 2,600 actuaciones que he tenido. Pero, a la vez tengo una sensación de que la vida se me quedó corta, porque me apasiona mucho lo que hago.

—De todo el proceso, desde la preparación hasta la actuación frente al público, ¿qué es lo que más disfruta?

—La parte que más feliz me hace es preparar al caballo en el campo durante años: esa es mi obra. Luego viene la exposición; cuando muestras tu obra y ves que es capaz de emocionar sientes que ha valido la pena todo ese tiempo y esfuerzo.

—El éxito de los ayeres, ¿se siente igual hoy?

—No, los primeros años son una explosión, como la primavera cuando salen flores por todos lados. Con el tiempo te vas acostumbrando y aunque te emociona no tiene el mismo impacto de aquellas primeras veces.

—¿Qué papel ha jugado su familia en su carrera?

—Mi familia y el campo son los pilares de mi vida. Ellos son mi conexión con la tierra. Cuando vas a torear, aunque no quieras, la gente te sube a un pedestal y te hace sentir diferente y privilegiado, pero volver a casa es tocar piso otra vez. Eso y su apoyo en los momentos difíciles ha sido fundamental.

—Su hijo Guillermo sigue sus pasos, ¿qué emoción despierta verlo en acción?

—Mi hijo me ha dado un regalo tremendo porque he vivido nuevamente la incertidumbre de mi juventud a través de él, con miedos, inseguridades y la sensación de triunfar que es como una bomba de felicidad que te explota alrededor. Además de saber que mi legado continúa, que no van a morir la ganadería de caballos y la escuela que he creado en estos años.

—¿Cómo se viven estos miedos como papá?

—Es un miedo que antes no conocía, totalmente diferente. Primero, como cualquier padre que ve a su hijo desarrollando una profesión de riesgo y luego hay otro miedo que te da la experiencia que tienes y te permite anticiparte a lo que va a ocurrir, pero eso no se lo puedes transmitir, así que vives una angustia tremenda.

—En ese sentido, ¿cuál ha sido su consejo más valioso para él?

—Le he dado muchos consejos técnicos sobre el respeto y amor que debe tener a la profesión y al caballo, pero que disfrute cada momento y busque realizarse como persona siendo fiel a sus principios.

—¿Cómo inculcó a sus hijos este amor que profesan a sus caballos?

—Uno indudablemente crea ejemplo con su vida y ellos desde que tienen uso de razón han visto a un padre que convive con los caballos de la mañana a la noche. Conocen la importancia que estos seres han tenido para nuestra dinastía; desde mis abuelos que trabajaban con ellos en el campo y mi papá que hacía largas excursiones con extranjeros al Camino de Santiago. Incluso he dicho a mi esposa e hijos que el día que muera quiero que me incineren, pongan mis cenizas encima de un caballo y lo suelten en la finca, para que sea mi última cabalgata.

—Miren, ¿qué representa para ti el retiro de tu esposo?

—Es una sensación de alivio porque en treinta y tantos años de carrera pasamos momentos de mucho estrés, aunque la compensación es muy grande y la vivimos con orgullo y alegría.

—En su rol de esposa e hijos, respectivamente, ¿cómo han vivido esta carrera?

—Miren: Ha sido toda una vida de altibajos emocionales, mucho trabajo y alegrías gracias al esfuerzo de Pablo, porque él es el artista, pero tiene a un gran equipo alrededor.

—Paula: ¡Muy orgullosa! Recuerdo que una vez en la escuela, en Estella, entré con mis amigas a la cafetería y en la televisión había una repetición de una corrida de mi padre en la que justo salió a hombros, yo estaba feliz.

—Guillermo: Con sentimientos de todo tipo porque nos han tocado las caras bonitas y las no tan lindas de esta carrera. Y ahora metido en la profesión ha sido un binomio mucho mayor con mi padre.

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